Cada uno de nosotros puede y debe empezar de nuevo, aunque fracase, aunque dañe, ¡nunca desesperarse! ¡Nunca!...
“¡¡Ein Shum Yeush baOlam Klal!!” - Esto es lo que exclamó Rabi Najman de Breslev con toda su fuerza, un grito que se escucha hasta hoy: “¡¡No existe desesperación alguna en el mundo!!”
Cada uno de nosotros puede y debe empezar de nuevo, aunque fracase, aunque dañe, ¡nunca desesperarse! ¡Nunca! La desesperación no existe, punto.
El Rab Arush enseña, que si empiezas de nuevo, es posible que hasta cumplas un determinado Precepto, o hagas una buena acción que toda la Creación dependa de ella, puedes hacer algo que pueda beneficiar al mundo entero! ¡Quién sabe! Pero si caes en la desesperación, no harás nada, y todo el mundo perderá…
Hay que saber que el acto de empezar de nuevo y no rendirse, pase lo que pase, es muy precioso a los ojos del Creador. HaShem se glorifica con aquella persona, que a pesar de todas las dificultades y tribulaciones que encuentra en su camino, no se da por vencida.
En este contexto les quiero contar la verdadera historia de un hombre llamado Akiva que vivió hace casi dos mil años atrás.
Era un pastor de ovejas, ignorante de las leyes y tradiciones de la Torá, y que sentía gran odio hacia los Sabios y los Justos. Un día, después de haberse casado con una mujer justa que había reconocido en él muy buenos rasgos, y lo alentaba a estudiar la Torá – lo que él pensaba imposible, pasó junto a un manantial, y vio una roca, perforada como si hubiera sido trabajada por un artesano experto. Ese detalle le llamó mucho la atención y se preguntó: “¿Quién perforó esta roca?”.
De pronto se dio cuenta que fue el agua que caía sobre ella cada día… Akiva, comenzó a razonar. “Si el agua que es tan frágil penetró en la dureza de esta enorme piedra, las palabras de la Torá que son tan duras como el hierro, con más razón podrán penetrar en mi corazón que es de carne”. ¡Iré a estudiar la Torá!, decidió.
Pero, había un solo problema… Él no sabía leer ni escribir… A los cuarenta años de edad, se dirigió junto con su pequeño hijo, a un maestro de niños principiantes, para que les enseñe el "Alef Bet", el abecedario hebreo.
Y así de a poco, empezó Akiva a estudiar la Torá. Luego, con gran sacrifico y la bendición de su esposa, fue y estudio la Torá con los grandes Justos de la Generación en un alejado lugar durante veinticuatro años - llegando a ser el gran Rabi Akiva, uno de los Sabios más grandes que existieron en la historia del Pueblo de Israel. Él es nombrado en el Talmud como ”Rosh haJajamim” - Cabeza de todos los Sabios. Y no sólo eso, sino que en esos veinticuatro años llegó a tener 24000 alumnos, sabios y justos, ¡que eran la esperanza y el futuro de todo el Pueblo Judío!
Pero aquí no termina nuestra historia… Tiempo más tarde, en una terrible epidemia, murieron durante unos treinta días, los veinticuatro mil discípulos de Rabi Akiva. Después de tantos años de sacrificio y esfuerzo de Rabi Akiva, de su esposa y su familia, todo se borró. Todo se perdió… No quedó nada… Los veinticuatro mil Sabios, los alumnos de Rabi Akiva que tenían que seguir trasmitiendo la Torá a las futuras generaciones, ya no estaban más… ¿Qué piensan ustedes que hizo Rabi Akiva? ¿Se desesperó no? ¿Se escondió bajo las mantas deseando dormir para toda eternidad no?
¡¡NO!!
¡Empezó todo de nuevo! Formó cinco nuevos alumnos, dos de ellos son los famosos Rabi Meir Baal HaNes y Rabi Shimon Bar Yojai - el que escribió el sagrado libro del Zohar, que revela la parte más oculta y profunda de la Torá, el libro sobre el cual se dice que por su mérito y poder saldrá el Pueblo de Israel de todo exilio, tanto físico como espiritual. ¡Esos cinco alumnos siguieron la trasmisión de la Torá a todas las futuras generaciones hasta el día de hoy!
¿Qué hubiera pasado si Rabi Akiva se hubiera desesperado? ¿Cuánto hubiéramos perdido? Si sólo se hubiera dicho: “Trabajé tan duro toda la vida, no puedo más, me cansé, basta ya, después de todo lo que hice no puedo empezar de nuevo”, ¿¿qué hubiera pasado?? ¡Todo el Pueblo de Israel, toda la humanidad en realidad, hubiera perdido!
Nadie sabe cuál es su función en esta vida, en este mundo. ¡El hombre no sabe lo que puede lograr con su nuevo comienzo, para sí mismo, para su familia, y para todas las futuras generaciones! Cuánto debemos aprender de Rabi Akiva!
¡Que HaShem nos ayude a empezar de nuevo ahora mismo, Amén!