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   30 Tishrei 5775 / viernes, 24 de octubre de 2014 | Parashá Semanal Noaj       
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HomeParashá SemanalEl Midrash DiceEl Midrash Dice - Shemot
El Midrash Dice - Shemot
Por: Grupo Tora

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El Primer Decreto del Faraón: Trabajo Esclavizado

A pesar de que los Benei Israel asumieron externamente las prácticas Egipcias de adoración de ídolos, HaShem los amaba profundamente porque ellos eran los hijos de las sagradas Tribus. El por consiguiente, causó que se multiplicaran de una manera extraordinaria. Las mujeres Judías daban a luz a sextillizos, sus nacimientos múltiples similares a aquellos de los insectos, peces y escorpiones los cuales producen descendencia a una velocidad excepcional.
 
R. Gamliel enseñó, "¡En el tiempo del Mashíaj, una mujer dará a luz todos los días!" Uno de los oyentes, quien ridiculizó todas sus afirmaciones comentó,: "Yo no creo en lo que usted acaba de explicar ¡no existe nada nuevo bajo el sol!" "Este no será un fenómeno nuevo," R. Gamliel replicó. "Usted puede encontrar un paralelo dentro de su propio rango de experiencia. ¿ No pone una gallina un huevo diariamente ?".
 
Ninguno de sus sextillizos nacía muerto o tenía constitución débil, más bien todos los niños Judíos fueron fuertes y sanos. Los Egipcios tuvieron miedo de la creciente población Judía. Los nobles egipcios advirtieron al Faraón, Existe una gran probabilidad de guerra futura entre nosotros y los reyes de Canaan.Ellos pueden pensar en recuperar las riquezas que nosotros recolectamos de ellos durante los años de hambruna. ¡En caso de guerra, los Judíos se unirán a nuestros enemigos y nos forzarán a dejar la tierra! Debemos tomar acción en su contra!"

"¡Tontos!" el Faraón los reprendió. "Si no fuera por su antepasado Iosef quien salvó al país en los años de hambruna, todos nosotros no estaríamos vivos hoy. ¿Cómo pueden ustedes pensar en hacerles daño?"

Los Egipcios se enfurecieron por la simpatía del Faraón hacia los Judíos. Lo derrocaron del trono, exponiéndolo a un destino de vergüenza y humillación porque él se rehusó a tratar a los Judíos injustamente. El Faraón no cambió su actitud por tres meses. Después de ese período de tiempo decidió que era más provechoso para él obrar de acuerdo con las demandas de la nobleza y del pueblo. Anunció que deseaba reasumir su posición habiendo formulado una nueva política hacia los Judíos. El Faraón que ascendió al trono tres meses después no era el mismo hombre que lo había dejado. Era un "nuevo" rey , frío y cruel, determinado a poner fin a la "plaga Judía."
Ahora actuó como si nunca hubiera conocido a Iosef (el benefactor históricamente famoso del país quien, como era de público conocimiento, había sustentado a la población durante los años de hambruna). Así como el Faraón alegó que él no sabía nada de Iosef, así él pronto declararía que tampoco conocía a HaShem.

El Faraón ideó un astuto plan con el que esperaba debilitar a los Benei Israel - separando los maridos Judíos de sus esposas y conteniendo de esta manera la corriente de expansión Judía. Dio orden de que se apostaran proclamas en Goshen y en todo el país que exponían: ¡El pais te necesita!
Las ciudades de Pitóm y Ramsés tienen necesidad urgente de renovarse. Su fortificación es de suma importancia para asegurar el almacenamiento seguro de nuestros tesoros nacionales. El gobierno ha consolidado este proyecto con millones de piezas de oro. Quienquiera que firme el contrato recibirá paga generosa todos los días. Se espera de todo hombre y mujer que son leales al país que se alisten como voluntarios para esta digna causa."
Para atraer a los Judíos, el Faraón mismo apareció en el emplazamiento con una azada y una pala en su mano. Si alguien después de eso alegara que este tipo de trabajo estaba más allá de su dignidad, él sería reconvenido, "¿Eres tú de naturaleza más delicada que el Faraón? ¡El también tomó parte en la construcción!" La nobleza Egipcia se alistó y así hicieron muchos Egipcios. ¿Cómo podían los Judíos ser indiferentes a la causa patriótica? Corrieron al emplazamiento, y los supervisores del Faraón compilaron listas de nombres de aquellos que se presentaron para trabajar. El primer día, los Judíos trabajaron entusiastamente. Dado que ellos eran hombres fuertes, hicieron rápido progreso con la construcción. Al anochecer, los soldados del Faraón les dijeron; "¡Cuenten el número de ladrillos que colocaron hoy ya que se espera que alcancen la misma cuota mañana y todos los días!" Por un mes el Faraón pagó a los trabajadores. Después de eso, los Judíos estuvieron aún comprometidos en el proyecto mientras algo extraño sucedió a los Egipcios - cada día, algunos más desaparecieron quedamente hasta, que después de dieciséis meses, todos los Egipcios se habían retirado. Ahora, los Judíos fueron informados que el rey no tenía más dinero para pagar por su labor. Ellos protestaron pero el Faraón había organizado un ejército de brutales policías. Ellos se les arrojaron a los Judíos y vociferaron: "¡Ustedes deben continuar trabajando para el rey!" A estos policías, los superintendentes egipcios, les fue dada la tarea de asegurarse de que todos aparecieran en la mañana para trabajar. También forzaron a los Judíos a devolver todo el dinero que ellos habían ganado previamente.

Una Tribu entre los Benei Israel nunca fue reclutada por el Faraón, la Tribu de Leví. Cuando el Faraón emitió la proclamación original, ellos no se presentaron a trabajar, diciendo, "¡Nosotros estamos constantemente comprometidos en el estudio de la Torá y no tenemos tiempo para ir!" Subsecuentemente el Faraón los dejó tranquilos y ellos permanecieron libres hasta el fin del exilio. Si hubieran salido del Beit Hamidrash para ofrecer sus servicios siquiera por un día, las consecuencias hubieran sido ¡doscientos diez años de esclavitud!

Los leviím habían sido instruidos por su antepasado Iaakov para concentrarse en el estudio de la Torá. El emplazamiento de la construcción de las dos ciudades particulares de Pitóm y Ramsés las que los Benei Israel tenían que construir fue elegido con gran astucia. Ellos nunca serían completados, sin importar cuán celosamente los Judíos trabajaran. Estaban situados sobre pantanos donde todas las construcciones se colapsaban continuamente y se hundían dentro del suelo. Los Benei Israel no sólo tuvieron que hacer trabajo esclavizado para el rey, más aun los Egipcios también los forzaron a realizar tareas en sus propias casas y campos después que retornaban del sitio de la construcción. Además de esclavizar a los Judíos con tareas agobiantes, ellos idearon una forma de crueldad tras otra para torturarlos. Un Egipcio le asignaba un trabajo a un Judío sin decirle cuánto tiempo éste duraría. "Sólo continúa trabajando," él le ordenaba, añadiendo agonía mental al esfuerzo físico. Los Egipcios solían ordenar a los Benei Israel que realizaran trabajo apropiado para el día en la noche y trabajo apropiado para la noche en el día. A las mujeres, ellos les asignaban tareas de hombres, diciéndoles, "¡Mezclen cemento y pongan ladrillos!" A los hombres Judíos ellos les daban trabajo mejor hecho por mujeres, ordenándoles, "Esta noche ustedes deben coser, hilar y cocinar para nosotros." Pensando alegremente que alcanzaría de tal modo su propósito de rebajar sus números, el Faraón dio órdenes de que los hombres fueran detenidos en sus campamentos de labor en los campos toda la noche mientras las mujeres permanecían en la ciudad.
 
El Heroísmo de las Mujeres Judías
 
El decreto del Faraón fue más efectivo en dirigir los corazones de los Benei Israel a HaShem que cuarenta años de guías y enseñanzas bajo Moshé en el desierto36. Ellos clamaron a HaShem e hicieron teshuvá. Cuando la esposa de Amram dio a luz a una niña, ella la llamó Miriam, significando, "Los Egipcios han amargado nuestras vidas," ya que en ese tiempo la labor esclavizada fue intensificada. Pero las mujeres Judías no serían derrotadas. Ellas eran descendientes de Sará, Rivká, Rajel y Leá quienes habían vivido para construir la nación Judía, y estaban determinadas a continuar este compromiso, venciendo todos los obstáculos. Cuando las mujeres salían a conseguir agua, HaShem causaba que encontraran pequeños peces en ella. Con ellos en mano, salían sin ser vistas hacia los campos y refrescaban a sus maridos con jarras de agua caliente y pescado cocido. Ellas lavaban y alimentaban a sus maridos y encontraban palabras de consuelo y aliento confortándolos "Nosotros no estaremos esclavizados para siempre, porque HaShem eventualmente nos redimirá." Ellas continuaban teniendo hijos con el gran bitajón (fe) de que HaShem los protegería. HaShem respondió a su confianza en El realizando milagros revelados. Cuando las mujeres Judías daban a luz en los campos y eran forzadas a abandonar a sus recién nacidos, El les enviaba un ángel para alimentar y asear a los infantes así como El alimenta y sustenta a todas Sus criaturas, de la hormiga al ciervo. Toda vez que las patrullas Egipcias arribaban a los campos para buscar bebés Judíos, la tierra se abría para ocultar a los infantes. Los Egipcios estaban estupefactos por su desaparición, pensando que habían sido engañados por alguna forma de magia. Ellos estaban determinados a matar a los niños y revolvieron el suelo con sus arados. (Sabían que la magia no puede ejercer poder más lejos que la profundidad a la que una mano puede alcanzar. Ellos por consiguiente estaban seguros de que una vez que labraran el suelo hasta la profundidad del largo de una mano, los niños serían suyos para ser exterminados.) Pero nunca descubrieron un solo niño. Tan pronto como los Egipcios se hubieran retirado, los niños brotaban fuera del suelo como pasto del campo. Cuando crecieron, retornaron en muchedumbres a las casas de sus padres.
 Los Egipcios estaban perplejos. ¿Cómo podía ser que la nación Judía continuara creciendo y floreciera?
 K-lal Israel le dice a HaShem, "¡Considera cuántas intrigas insidiosas las naciones traman en contra nuestra!"
 "Déjenlas planear," HaShem contesta. "Ningún plan llegará a cumplirse nunca a menos que Yo lo permita."
 
- El Faraón decretó aniquilar a la nación Judía. Yo, sin embargo, ordené lo contrario. Consecuentemente, cuanto más ellos fueron torturados tanto más ellos se incrementaron y multiplicaron.
- Hamán planeó exterminar a la totalidad del pueblo Judío, jóvenes y ancianos a la par. Yo, sin embargo, deseaba que ellos vivieran, y por consiguiente revertí la situación y él fue muerto.
- El profeta Bilám intentó maldecir a la nación Judía. Yo no estuve de acuerdo, y por consiguiente el tuvo que bendecirla.

El Segundo Decreto del Faraón: Infanticidio por medio de las Parteras Judías
 
El Faraón comprendió que el plan de campos de labor había fallado."La solución final parece ser más complicada de lo que yo pensé," él murmuró. "Nosotros debemos cambiar nuestra estrategia." El Faraón tenía miedo de asesinar a los Judíos abiertamente, temiendo tanto la opinión pública como el castigo Divino. Buscó por consiguiente, agentes para asesinar a los bebés Judíos secretamente. Decidió convocar a las parteras Judías a quienes les ordenaría llevar a cabo esta horrorosa misión. El pensó que a los ojos del Cielo, no él sino las parteras cargarían por lo tanto con la responsabilidad por las acciones asesinas. El Faraón ordenó que las dos parteras Judías, Shifrá y Puá llegasen a su palacio. Estas no eran otras que Iojeved y Miriam, mas ellas eran conocidas por nombres diferentes. Iojeved era llamada Shifrá porque ella solía lavar y asear a los infantes (Shifrá denota que solía meshaperet /embellecer a los niños) y Miriam era llamada Puá porque ella sabía como tranquilizar a los llorosos recién nacidos (Puá significa que solía hacer sonidos arrulladores para calmar a los infantes.) Por añadidura, el nombre Puá le había sido dado a Miriam porque ella clamó con espíritu profético, "¡Mi madre dará a luz en el futuro al salvador de K-lal Israel!"
En aquel tiempo Miriam era una niña de sólo cinco años pero solía acompañar a su madre para asistirla en su tarea y era tan hábil como un adulto.

El Faraón ordenó a las dos parteras matar a todos los recién nacidos varones y dejar sólo a las niñas sobrevivir.

Tan pronto como la pequeña Miriam escuchó el vil edicto, exclamó,"¡Qué vergüenza!¡Qué rey malvado!¡Infortunio para él en el día que Di-s le imponga castigo!" El Faraón empalideció e indicó a su verdugo que llevara a Miriam inmediatamente a su muerte. Pero su madre cayó al suelo delante del rey, rogándole misericordia para su hija. Ella rogó, "¿Por qué debería usted estar enojado ante las palabras de una niña pequeña? ¡Ella es sólo una niña!"
Finalmente el Faraón consintió en dejar a Miriam con vida. Tanto Iojeved como Miriam abandonaron el palacio con el claro conocimiento de que desafiar la orden del rey significaba la muerte para ellas. Pero no tenían la intención de obedecerlo porque temían al Todopoderoso más de lo que temían a un rey humano. "¿Cómo podríamos perpetrar la horrible acción de matar niños Judíos?" clamaron. ¿Nuestro antepasado Abraham no abría posadas para sustentar aun a gentiles? ¿Cómo podemos entonces actuar de manera opuesta, aniquilando y destruyendo niños Judíos?" De ahí en más, ellas no estuvieron meramente satisfechas de cumplir con sus obligaciones como parteras, sino que también se preocuparon de que los recién nacidos de familias pobres fueran sustentados. Recolectaban comida de las casas de las mujeres ricas, llevándola a aquéllas de las mujeres Judías pobres. Más aún, antes de cada parto, ellas permanecían orando a HaShem. Le rogaban a El que el niño naciera sano. "HaShem," rezaban, "Tú sabes que nosotras actuamos desafiando la voluntad del Faraón de forma de cumplir con Tu voluntad. Permite que este niño entre al mundo libre de defecto (aun si Tú habías destinado para él nacer rengo o ciego), de otra forma los Judíos nos sospecharán de acciones malignas. Ellos dirán, "¡El niño nació impedido ya que las parteras intentaron matarlo!" También rogaron a HaShem en beneficio de niños y madres que estaban destinados a morir en el alumbramiento. "Sé misericordioso y concédeles vida,"ellas oraban, "¡de forma tal que nosotras no seamos culpadas por sus muertes!" HaShem aceptó sus tefilot. Todos los niños que ayudaron a alumbrar nacieron sanos y bien. Por esto puede decirse que Iojeved y Miriam realmente concedieron vida a los niños Judíos. El Faraón pronto descubrió que los bebés Judíos no eran muertos. El convocó a Iojeved y Miriam al palacio.
 
"¡Ustedes son culpables de haber transgredido mis órdenes!" el Faraón las acusó.

"Usted debe entender, su majestad," Iojeved explicó, "que las mujeres Judías son diferentes de las Egipcias. Nuestros antepasados nos compararon a las bestias- la Tribu de Iehudá es comparada al león, Biniamín al lobo y Naftalí a una cierva. Así como las bestias dan a luz sin ninguna asistencia, así las mujeres Judías no tienen necesidad de parteras durante el alumbramiento. Nosotras sólo somos requeridas después para dar una mano de ayuda.
Iojeved, de hecho, dijo la verdad. Las mujeres Judías en Egipto eran tzidkaniot (mujeres rectas) y alumbraban sin dolor.

El Faraón se satisfizo con la explicación y las despidió. Subsecuentemente, sin embargo, lamentó el haber creído sus palabras. El envió soldados a la casa de Amram para arrestar y ejecutar a Iojeved y Miriam.

Pero HaShem realizó un milagro para ellas. Ellas se volvieron invisibles a los soldados del Faraón, tragadas por las paredes de la casa.

HaShem dijo, "¡Ellas merecen milagros por su gran temor a Mí!"

Además de salvación del Faraón, Iojeved y Miriam recibieron recompensa eterna. Miriam se casó posteriormente con Kalev de la Tribu de Iehudá y por consiguiente se convirtió en la madre de la dinastía real de David. Iojeved se convirtió en la madre del primer kohén gadol, Aharón y del primer leví, Moshé, y en la antecesora de todos los kohaním y leviím.
 
 
(Con la amable autorización de www.tora.org.ar)

 

   
 
 


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