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Picoteando sin cabeza    

Picoteando sin cabeza



Me fijo en la heladera a ver qué hay… un poquito de queso, una cucharada de manteca de maní, unas cuantas galletas saladas.

 



Yo rara vez me siento a comer. Ocasionalmente, me siento a mi escritorio y como mientras trabajo pero la mayoría del tiempo consumo mis comidas parada junto a la mesada de la cocina.

 

Incluso llamarlas “comidas” probablemente sea una exageración. Por lo general, solamente picoteo y, por más que me dé vergüenza admitirlo, lo como sin mucha cabeza. Me fijo en la heladera a ver qué hay… un poquito de queso, una cucharada de manteca de maní, unas cuantas galletas saladas. Ah… ahí hay un yogurt, también me lo voy a comer. Hmmm. Todavía tengo hambre. Tal vez unas tostadas… ese es más o menos mi “plan” comestible…

 

Y lo que es peor es que a veces ni siquiera me doy cuenta de que estoy comiendo hasta que haya dado varios mordiscos. O sea, sí sé que estoy comiendo, pero no fue una decisión consciente sino algo así como un acto reflejo. No puedo decirles cuántas dietas empecé  y de repente darme cuenta de que estoy comiendo algo que no está dentro de la lista. “¡Ah, sí, estoy haciendo dieta!”, me digo a mí misma riéndome y preguntándome cómo es posible que no haya recordado eso cuando agarré el pedazo de torta de mousse de chocolate…

 

Así es como vengo comiendo desde hace años. Empecé en la secundaria y cada vez se hizo peor. No es que no quiera cocinar. La verdad es que me gusta mucho cocinar y puedo pasarme horas en la cocina preparando comidas. Pero en lo que a comer concierne, , prefiero alimentos simples, no comidas preparadas.

 

Sin embargo, a mi cuerpo no le gusta la forma en la que como. El año pasado me diagnosticaron cinco problemas diferentes todos relacionados con la dieta y todos causados y con la capacidad de ser curados por la dieta. Y como todo proviene de Hashem, yo estaba segura de que este diagnóstico era una llamada de atención de Hashem. Necesitaba hacer un cambio. MI salud se estaba deteriorando. Hashem estaba enviándome señales cada vez más claras: “¡Encargate de tu cuerpo!”.

 

Yo escuché y entendí los mensajes pero no les hice caso. Me da vergüenza pensar cuánto dinero gasté en visitas a médicos que al final me decían “Mejore su dieta”.

 

 

“¡Pero si yo consumo una dieta 100% vegetariana”

 

“Casi nunca como azúcar ni harina blanca!”

 

“seguramente comer así es mucho más sano que comer comidas pesadas!”

 

Hace poco contacté al Rabino Lazer Brody por otro asunto que no tiene nada que ver con la comida, y sorprendemente lo que me dijo fue que me asegurara de decir las bendiciones antes y después de comer.

 

BUM

 

Hashem se está poniendo muy serio con respecto a que me tome a pecho este tema de la comida…

 

Ese día empecé a estudiar las bendiciones y empecé a decir la bendición correcta para cada alimento. Muchas veces me olvidé completamente y tuve  que decir la bendición en lugares públicos. Más que nada esto hizo que me diera cuenta de que esto de picotear sin cabeza todo el santo día no es la forma de comer, por varios motivos.

 

Les voy a decir algo: pararme en la cocina picoteando esto y aquello y tratando de decir la bendición apropiada no es nada fácil. Me hizo darme cuenta de que me tomé por sentado todo este asunto de comer: ahora empecé a dar las gracias por la comida, por el lugar donde prepararla, y por tener un lugar donde sentarme con mi familia a disfrutarla. Al picotear de pie todo el día, me estaba privando a mí misma de tiempo para relajarme, desconectarme del trabajo, conectarme con mi familia y valorar todo lo que Hashem me dio.

 

Puede que lleve un rato hasta que este programa de “siéntate a comer y disfruta de una verdadera comida con gratitud” se vuelva algo automático para mí. Pero desde ya les digo que no quiero volver a picotear sin cabeza como antes. El hecho de poder bendecir y agradecer a Hashem en forma verbal por todas las bendiciones que tenemos en la vida es de por sí una bendición inmensa.





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