15 Nisán 5779 / sábado, 20 de abril de 2019 | Parashá Semanal: Pesaj
 
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Una Mente Clara    

Una Mente Clara



¿Cómo se logra la claridad mental? ¿Cómo se llega a tal estado mental que nos conducirá al cambio esperado? Para comprender esto, debemos comentar la siguiente enseñanza…

 



Una mente clara, fuerte y firme

No obstante, muchos se quejan que aun después de escuchar las enseñanzas, de estudiar e incluso después de muchas plegarias, no cambian en absoluto. Por ejemplo, una persona se quejó de haber escuchado un CD sobre la ira, de haber considerado las enseñanzas sobre el tema, y que desde hace mucho tiempo reza para eliminar este defecto; sin embargo, no parece que las plegarias tengan efecto. A pesar que reza pidiendo no ceder a la cólera, se enoja todo el tiempo. ¿Qué hacer?
 
¿Qué sucede aquí en realidad? ¿Cuál es el problema? ¿Qué le falta a esta persona que no puede cambiar a pesar de sus rezos?
 
La respuesta es la siguiente: la falta de claridad y serenidad mental, la falta de un conocimiento lúcido. Al obtenerlo, el hombre logra cambiar y retornar a su Creador. Esta es la pieza faltante en el culto del hombre.
 
Pero, ¿cómo se logra la claridad mental? ¿Cómo se llega a tal estado mental que nos conducirá al cambio esperado? Para comprender esto, debemos comentar la siguiente enseñanza del Justo de Breslev sobre este tema:
 
“La esencia de una mente serena, es reflexionar y pensar sanamente cuál es la finalidad de todos los apetitos y de todos los asuntos mundanos… Es necesario que el hombre se esfuerce para consagrar un tiempo para meditar sobre las acciones que emprende, y preguntarse si es conveniente malgastar sus días en tales actos. Debido a que el hombre no reflexiona sobre eso – no tiene conocimiento, incluso si alcanza a veces una cierta claridad mental, no le dura y desaparece enseguida; y también si el poco conocimiento que sí tiene no es fuerte y firme, no entiende las tonterías de este mundo. Sin embargo, si el hombre gozara de una mente clara fuerte y firme, comprendería que todo es sólo tontería y vanidad...”.
 
¡Extraemos de aquí una instructiva definición! “El hombre que no reflexiona – no tiene conocimiento”. Es decir que el hombre sólo tiene conocimiento cuando logra claridad mental. Si lo pensamos, esto es realmente muy comprensible, pues el estado de confusión no puede llamarse conocimiento. Debemos comprender que todas las confusiones – la enorme cantidad de pensamientos y consejos contradictorios que el hombre posee, todos sus cambios de opinión – todo esto define la falta de conocimiento, la falta de una mente sana. Poseer conocimiento implica saber claramente cuál es la verdad de cada situación; cuál es la finalidad; qué es lo que se debe hacer y cuál es el camino justo.
 
Y aun cuando existen ciertas cosas que no le son claras al hombre, pero por lo menos tiene conciencia de eso, y sabe que debe aclararlas y determinar de qué tratan, esto también es considerado claridad mental, pues sabe que en tal o cual dominio, todavía ignora dónde está la verdad.
 
Entonces, toda persona que reza para rectificar su ira, o por la paz doméstica, o por la alegría, o por cuidar su mirada, o por toda otra cosa, debe obtener claridad y serenidad mental antes de su plegaria. Debe obtener el conocimiento que es el resultado de “una mente clara, fuerte y firme”, y así reconocerá cuál es la verdad y cuál es la Voluntad Divina, de tal modo que nada en el mundo podrá desviarlo de eso. Es sólo entonces que deberá rezar y pedir al Creador el merecer vivir según ese conocimiento.
 
La explicación de lo que precede es simple: la acción de la plegaria consiste en hacer penetrar el conocimiento dentro del corazón. Si el hombre no medita como se debe y no tiene claridad mental – lo que se manifiesta en que está todavía preso de confusiones y de dudas sobre cuál es la verdad – entonces cuando ruega, introduce un conocimiento confuso dentro de su corazón. Por consiguiente, fracasa en la prueba... Aunque rece, la Mala Inclinación lo atrapa y lo controla en donde todavía tiene dudas.
 
En cambio, cuando el hombre posee bien claro en su mente lo que introduce en su corazón por medio de la oración, esto se llama que posee el conocimiento. Y como dijeron los Sabios, “Si conocimiento adquiriste, ¿qué más te falta?...”. La Mala Inclinación no puede apoderarse del hombre que vive según un claro conocimiento y derribarlo.
 
¿A qué es esto comparable? A un hombre que construye un muro para protegerse de sus enemigos. Si es perfecto y sin fallas, será eficaz y le protegerá ante toda tentativa de asalto. Sin embargo, si este muro tiene grietas en varios lugares, aunque sea grueso y sólido, el enemigo penetrará por ellas y el muro no servirá para nada. Tal como está escrito (Proverbios 25:28): “Como una ciudad derribada y sin muralla, es el hombre cuyo espíritu no tiene restricciones”.
 
La mente es el muro del hombre. Un muro frente a todos los apetitos y confusiones. Cuando el hombre medita y aclara su mente introduciendo ese conocimiento en el seno de su corazón, es como si construyera una pared perfecta. Pero cuando no lo hace, aunque rece, construye un muro con grietas, y no debe sorprenderse si todavía cede a los malos rasgos.
 
Tomemos  otra  vez  el  ejemplo  de  la  ira: aunque  el hombre reza verdaderamente para superarla, ¡si es honrado consigo mismo, reconocerá que en el mismo momento en que rogaba, todavía no estaba seguro que nada en el mundo le encolerizaría! Y si medita sobre esto, verá que según su conocimiento todavía existen casos en los cuales siente la necesidad, incluso hasta un deber o una obligación, de enojarse.  Resulta  entonces que  no  reza  por esos casos, sino pide no encolerizarse solamente en aquellos en que a él le parece que es necesario. El Creador ciertamente le ayudará en las situaciones sobre las cuales rezó, mientras que en aquellas en que no le está claro que está prohibido ceder a la cólera no le ayudará, pues en esos casos no pidió nada, ¡porque según su conocimiento esas situaciones no responden a la definición que la ira está prohibida!
 
No obstante, si meditara como se debe y se preguntara: “¿Qué es la ira? ¿Cuál es su definición? ¿Qué dice la Ley Divina sobre ella? ¿Acaso existe alguna situación en la está permitido encolerizarse? ¿Existe un solo caso en el cual la ira es provechosa?
 
¿Quizás está permitido encolerizarse para educar?, ¿o por la paz doméstica?, ¿o por la subsistencia?” – lograría el conocimiento y vería por sí mismo dónde está la verdad.
 
Ciertamente llegaría a la conclusión que ninguna situación en el mundo justifica la ira, que cada vez que se encoleriza realiza una muy grave transgresión; y que con cada uno de sus enojos sólo pierde mucho. Este conocimiento deberá ser claro, fuerte y firme, sin sombra de duda que no se encolerizará bajo ningún pretexto; que la ira no es provechosa en ningún caso; que nunca es aconsejable; que por medio de ella nunca se engendrará ningún bien y no hay ninguna situación en la que está permitida. Y cuando esta fuerte y firme claridad mental, penetre dentro del corazón del hombre – ¡ya no se encolerizará!
 
Y es necesario multiplicar las plegarias sobre eso: “Dueño del Mundo, Ten compasión de mí. Ayúdame a saber perfectamente que no existe ninguna situación en el mundo en que la ira es permitida, o que sea provechosa. Apiádate de mí y ayúdame a que mi corazón no me induzca al error de creer que hay veces en que está permitido encolerizarse, o que es justificado o benéfico. Si me encolerizo, debo saber claramente que cometo un pecado... Ayúdame entonces a investigar cómo la Mala Inclinación me incitó a transgredir, cómo me engañó, hasta que mi mente esté clara, fuerte y firme, y así nunca me permitirá, bajo ningún pretexto, encolerizarme; que mi corazón nunca me seduzca...”.
 
El hombre colérico debe rogar cada día sobre este tema, y realizar un examen de conciencia para juzgar cómo se portó desde su último examen. Y cuando no logre superar la ira, debe analizar cómo la Mala Inclinación lo incitó a errar y qué grieta encontró en él. Deberá rezar para que la próxima vez ella no salga victoriosa. Pues, al fin de cuentas, ¿cuántas posibilidades existen? Muy pocas.
 
En general, el hombre cede a la cólera en las mismas ocasiones: en la educación de los niños, en la relación conyugal, en el trabajo. Entonces verificará de qué manera y en qué circunstancias la Mala Inclinación consigue dominarle, meditará serenamente sobre esos casos, y así podrá superar la prueba la próxima vez. Es este el verdadero trabajo para lograr un claro conocimiento.
 
Lo esencial es que cada vez que el hombre sucumbe y se encoleriza, le sea evidente que transgredió y que la Mala Inclinación le engañó y le sedujo. Deberá arrepentirse por su ira, hacer examen de conciencia, y preguntarse por qué se enojó, cómo la mala inclinación lo provocó, y encontrar cuáles son sus puntos débiles en donde todavía le falta claridad mental.
 
Recordaremos  bien  las  palabras  del  Justo,  que  son realmente cuatro aspectos: obtener una mente, clara, fuerte, y firme. Porque si nos falta solamente uno de ellos, no podremos superar ninguna prueba, pues todavía tendremos dudas y por cierto fracasaremos.
 
Solamente de esta manera es posible trabajar en una cualidad y adquirirla. Este método es bueno y útil tanto para todos los rasgos del carácter, como para los distintos apetitos. Si el hombre meditara con serenidad como se debiera hasta poseer la claridad mental, si rezara mucho, y si efectuara exámenes de conciencia, entonces seguramente cambiaría y retornaría al Creador.
 
 
Continuará…
 
 
(Extraído del libro "En el Jardín de la Fe" por Rabi Shalom Arush, Director de las Instituciones "Jut Shel Jésed" – "Hilo de Bondad")




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  5 Comentarios del visitante:    Ver todos los comentarios  
  1.
  Controlar la ira
Isabel londoño01/04/2019 17:17:33
     
 
  2.
  Irá
Diana18/11/2018 13:56:59
     
 
  3.
  Ira
Susana flores08/07/2018 11:48:56
     
 
  4.
  Ira
Claudia30/10/2017 1:24:04
     
 
  5.
  No hay palabras para esta maravillosa enseñanza!
Rak06/01/2014 18:49:47
     
 

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