16 Siván 5779 / miércoles, 19 de junio de 2019 | Parashá Semanal: Sheláj Lejá
 
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¿Qué es lo que te consume?    

¿Qué es lo que te consume?



Mi amiga está preocupada. Su hija está excedida de peso. Mi amiga está segura de que es por la relación con su novio...

 



Mi amiga está preocupada por su hija menor. Hindy tiene 23 años y está excedida de peso. Mi amiga está segura de que es por la relación que tiene Hindy con su novio.

 

Hindy y Aarón se conocieron cuando eran adolescentes. Finalmente se “enamoraron” y siguen justos hasta ahora. El problema es que Hindy ya quiere casarse pero Aarón dice que no está seguro y que no sabe cuándo lo va a estar.

 

Hindy le dice a todo el mundo que no le importa esperar a Aarón, que por ella, él puede tomarse todo el tiempo que necesite. Salen con frecuencia y ella le cocina y le hace tortas, le arregla la casa y va a las reuniones familiares de él.

 

Pero a medida que el peso de ella va en aumento, su mamá ya no está tan segura de que ella esté contenta como dice y la verdad es que no le echo la culpa.

 

Hasta que uno no resuelve el conflicto que enfrenta no puede funcionar normalmente. Estar estancado en una situación que te tira en distintas direcciones puede resultar agobiante y mucha gente en situaciones así recurre a la comida, las drogas o demás formas de “confort” para enfrentar el estrés.

 

Recuerdo que cuando yo estaba en la secundaria, en la década del sesenta, había mucha presión social para rebelarse contra los padres, la escuela, el gobierno y todo lo fuera parte del “establishment”. Si bien esa actitud condujo a hechos muy positivos, como por ejemplo, que los jóvenes buscaran la espiritualidad y el movimiento de comida sana, también tuvo muchas consecuencias nefastas. Yo trabajé en un centro de atención de crisis y conocí a mucha gente que se había excedido en el mundo de la contracultura. Vi matrimonios destruidos porque la gente experimentaba con el concepto de “matrimonio abierto”, porque usaba drogas o dejaba los trabajos fijos en aras de cultos que prometían mucha “luz” (y los dejaban sin un centavo).

 

Al entrenarme para ser coach, tuve que aprender cómo ayudar a la gente a “abrazar” y sentirse cómoda con estilos de vida alternativos. Por ejemplo, teníamos un taller para ayudar a la gente a “salir del armario”, desensibilizándonos con “malas palabras” y enseñándonos nuevas formas de ver las relaciones románticas.

 

Hoy en día los jóvenes pueden pensar que estas son ideas modernas, pero no lo son. Los años sesenta dieron comienzo a la “revolución sexual” y esta no ha hecho más que empeorar.

 

En aquel momento, yo hacía todo lo posible por mantenerme en lo mío y, por supuesto, nunca juzgar a nadie. El mundo estaba horrible y recuerdo que yo pensé que jamás iba a tener hijos. Recuerdo que me preguntaba qué diría si alguien me llegaba a preguntar algo tan simple como: “¿Está bien robar?”.

 

Por aquella época, había un libro muy famoso de Abbie Hoffman (uno de los Chicago Seven) que daba consejos sobre cómo “vencer al sistema”. Por ejemplo, él explicaba lo fácil que era entrar a un restaurante y comer gratis y describía qué era lo que había que hacer.

 

De hecho, el nombre de ese libro era Steal this Book (Roba este libro) y al mirarlo en la librería, me pregunté si debía hacerlo…

 

Yo estaba tan influenciada por la cultura que estaba perdiendo mi capacidad de ser yo misma.

 

Sin embargo, esa pequeña chispa judía seguía con sus comentarios críticos mientras yo realizaba mis quehaceres diarios. Aunque yo tenía el mismo aspecto que mis compañeros, la estupidez que percibía me estaba empezando a dar asco. Empecé a comer en exceso. Dentro de mí misma, yo era una chica buena judía que trataba sin éxito de encontrar su lugar dentro de la sociedad secular.

 

Mi epifanía llegó en un caso especialmente difícil que tratamos en el centro de crisis durante el turno de noche. A mitad de la sesión, pensé: “Esta persona está completamente loca pero yo estoy fingiendo que sus decisiones son normales y que solamente necesita aceptarse a sí mismo. Yo no quiero más estar acá…”.

 

Un par de meses más tarde me fui y lo único que sentí fue un gran alivio. También me alegró alejarme de los miembros del plantel, porque ellos mismos también vivían una vida disfuncional.

 

Yo sabía que tenía que haber algún sistema de valores que tuviera definiciones verdaderas de lo que está bien y lo que está mal. Necesitaba vivir con gente que fuera feliz y que les fuera bien en la vida. Necesitaba casarme con un chico normal y necesitaba una forma de educar a mis hijos que no los dejara vulnerables a las tendencias de la vida moderna.

 

Necesitaba a Dios.

 

Después de que me trasladé a Israel y me hice observante, terminé con mis patrones de comida estrafalarios.

 

Mi estilo de vida reflejaba mis sentimientos más profundos y ya no me estaba escondiendo.

 

Podía ser una persona conservadora tradicional con ideas a la antigua y no sentir vergüenza.

 

Una forma de dejar de comer en forma destructiva es dejar de vivir una mentira. Hindy necesita enfrentarse a sí misma y admitir qué es lo que la está consumiendo, para que de una vez por todas pueda dejar de comer.





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