4 Tevet 5782 / miércoles, 08 de diciembre de 2021 | Parashá Semanal: Vaigash
 
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Cuando tenemos emuná, podemos relajarnos, porque ya no tenemos que seguir buscando cosas como locos.

 



Una vez que uno vive con la conciencia de la presencia de Dios, uno empieza a tener esa maravillosa sensación de seguridad, porque ya no tiene que preocuparse más de buscar las respuestas a todas sus preguntas. Uno se da cuenta de que las respuestas están en todas partes, tanto fuera como dentro de ti, y que lo único que tiene que hacer es estar atento y prestar atención. Cuando tenemos emuná, podemos relajarnos, porque ya no tenemos que seguir buscando cosas como locos. De hecho, la “relajación” es otro aspecto de Dios. Cuando nos dejamos ir, permitimos que Dios entre y una forma de experimentarlo es estando relajados.

 

Sabemos que, tarde o temprano, vamos a solucionar todos los problemas y que Dios nos va a enviar la solución a través de nuestro propio mecanismo mental o sensorial. Va a llegar. Cuando tenemos esa confianza en que la sabiduría ya existe, y que lo único que tenemos que hacer es aprender a usarla y a echarle mano, entonces nos transformamos en personas calmas, con paz interior, tanto aquí como en el Mundo Venidero.

 

Toda la Providencia Divina no es más que un trampolín para la creatividad, para ayudarnos a estar más conectados con Hashem. Si estamos en medio de tratar de “resolver” algo nosotros mismos, entonces cualquier interrupción en nuestro proceso mental es terrible. Pero si estamos solucionando los problemas con la ayuda de Dios, con la Providencia Divina, entonces sabemos  que incluso las interrupciones nos acercan a un gran avance y entonces tenemos mucha más paciencia y comprensión.

 

Si estoy en medio de hacer algo y mi esposa me llama a contarme todos sus problemas y todas sus preocupaciones, y yo siento que estoy perdiendo el hilo de mis pensamientos –y eso que estoy desde la mañana tratando de encontrar siquiera el hilo de mis pensamientos– entonces me voy a poner impaciente si no tengo emuná. Voy a sentir como que estoy a punto de perder algo, algo que me resultará imposible recuperar. Pero si tengo emuná, entonces no me voy a preocupar por la interrupción, porque sé que Dios me va a enviar algo mucho mejor. Gracias a la interrupción de mi mujer, Dios me va a conducir a un resultado todavía mejor. Es simplemente el trampolín a algo mucho mejor.

 

Cuando nos esforzamos por resolver el problema que nos presenta Dios, como por ejemplo alegrar a mi esposa, o darle tiempo de atención a un hijo, o darle caridad al hombre que golpeó a la puerta, entonces Dios nos va a resolver los otros problemas. Es posible que Dios haya diseñado la interrupción especialmente para nosotros, porque Él sabe que tenemos que cambiar de canal y hacer algo distinto. ¿Acaso nosotros sabemos más que Dios qué es lo realmente bueno para nosotros? Si podemos percibir toda la Providencia Divina tras las dificultades que se nos presentan al resolver los problemas, entonces funcionaremos mucho más rápido y mejor, y viviremos una vida más larga y libre de estrés.

 

Esti es una mujer joven que hace siete años no deja de subir de peso. Gracias al aumento de peso, Esti se ha estado sintiendo muy deprimida y aislada, porque le da vergüenza salir de casa y su autoimagen ahora también está afectando la forma en que cuida a sus hijos y la relación con su marido. Ella ya probó todas las formas “estándar” de perder peso, ya sea haciendo dieta, gimnasia, hipnosis, programas diversos, etc, pero nada de todo eso la ayudó.

 

Como la gran parte de la gente con problemas de depresión, ella se quedó estancada en “la caja”, y era bastante escéptica con respecto a empezar otro método distinto para bajar de peso. Cuando nos sentamos a charlar, Esti todavía estaba tratando de hacer régimen y hacer gimnasia y le decía a su marido que no necesita de su apoyo y su ayuda con los niños, y que podía ir a estudiar tranquilo. Ella no estaba escuchando a Dios y Él estaba absolutamente fuera de la escena. Yo le dije que sea lo que fuere que estuviera haciendo, que hiciera exactamente lo contrario. ¡Da todo vuelta!

 

¿Por qué le dije que hiciera eso? Porque el Rav Arush dice que con alegría uno puede curar cualquier cosa. Si uno tiene emuná, entonces es feliz, pero Esti necesitaba ayuda mientras tanto para poder ser feliz, mientras trabajaba en la construcción de su emuná. Así que le dije que fuera a comer lo que se le antojara, pero que comiera lentamente y que realmente lo disfrutara. Le aconsejé que la comida tocara todas las papilas gustativas en la boca y que pusiera el tenedor en la mesa entre un bocado y otro, para que no se viera tentada a tragárselo todo de un saque, sin realmente saborear lo que estaba comiendo.

 

Esti quería entender cómo iba a perder peso sin hacer ejercicio y comiendo más tortas. Yo le dije que ella necesita ser feliz y que esa felicidad viene antes que la emuná. El consejo es bueno: solamente come la comida lentamente y disfrútala. No te la tragues; no hables por el celular mientras estás comiendo; no leas; no hagas ninguna otra cosa. Solamente come, enfócate en la comida y disfrútala, y piensa en Dios.

 

Ella siguió el consejo y tuvo la mejor semana que había tenido en siete años. Yo estoy seguro de que ella va a perder un montón de peso y va a cambiar completamente de forma de vivir. Y aunque la solución suene completamente ilógica, es exactamente la clase de respuesta creativa “fuera de la caja” que necesitaba Esti. Al sintonizarnos con la Providencia Divina y utilizarla, podemos transformar los “problemas” en “soluciones”.





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