17 Iyar 5779 / miércoles, 22 de mayo de 2019 | Parashá Semanal: Bejukotáy
 
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Rabi Shimon y Los Romanos    

Rabi Shimon y Los Romanos



El gran Taná, Rabí Shimón, se enteró de la condena a muerte. El y su hijo Rabí Elazar lograron escapar y ocultarse en una sinagoga...

 



El gran Taná, Rabí Shimón, se enteró de la condena a muerte. El y su hijo Rabí Elazar lograron escapar y ocultarse en una sinagoga...

Rabí Shimón Conoce a los Romanos
 
Rabí Shimón Bar Iojai sabía mejor que nadie lo crueles que eran los romanos. Vivió poco después de la destrucción del segundo Bet HaMikdash. Esas eran épocas en que los romanos habían decidido que era ilegal enseñar Torá y dar semijá (ordenación) a los futuros líderes de Israel. Cualquier persona a la que atrapaban violando la ley, podía recibir la pena de muerte, y de hecho, los romanos asesinaron a algunos de los más grandes sabios del siglo porque continuaron enseñando la Torá, sin importar lo que dijeran los romanos.
 
Uno de ellos fue Rabí Akibá, el maestro de Rabí Shimón. Los perversos romanos torturaron a Rabí Akibá hasta matarlo. Otro de ellos fue el siguiente maestro de Rabí Shimón, Rabí Iehudá ben Babá. Los romanos lo atraparon con sus alumnos.
 
Rabí Iehudá les dijo:

-Son lo suficientemente jóvenes para irse corriendo. ¡Escapen! No se preocupen por mí. ¡Sus vidas son más importantes porque ustedes son los futuros líderes de Israel. Obedecieron y se marcharon corriendo justo a tiempo, pero a Rabí Iehudá ben Babá lo atraparon y lo asesinaron.
 
Con el tiempo, la persecución perdió su fuerza y los romanos ya no hicieron respetar las leyes en contra de la Torá, Sin embargo, Rabí Shimón no olvidó el pasado. Una vez, estaba sentado con Rabí Iehudá, Rabí Iosí bar Jalafta y con un grupo de estudiantes. La charla comenzó a tratar el tema del gobierno romano y sus grandes éxitos en la construcción y el desarrollo de las tierras que habían conquistado. Rabí Iehudá alabó a los romanos por los caminos, puentes, baños y mercados que habían construído. Rabí Shimón respondió que todo lo que los romanos habían hecho había sido por razones egoístas para poder cobrar impuestos y peajes. Rabí Iosí escuchaba pero no tomó partido.
 
Esa charla debería haber permanecido en secreto pero no fue así. Uno de los oyentes no pudo evitar repetirla y, a la larga, las autoridades romanas oyeron la historia. Emitieron un decreto: por alabar a Roma, recompensarían a Rabí Iehudá; de hecho, él pudo ayudar frecuentemente a los judíos contra las persecuciones romanas porque los romanos confiaban en él. Por no defender a Roma exiliarían a Rabí Iosí a la ciudad de Tsipori. En cuanto a Rabí Shimón, ¡lo ejecutarían!
 
La Cueva
 
El gran Taná, Rabí Shimón, se enteró de la condena a muerte. El y su hijo Rabí Elazar lograron escapar y ocultarse en una sinagoga. La esposa de Rabí Shimón, una mujer honrada y leal, todos los días llevaba la comida en secreto, pero él pronto se dio cuenta de que este arreglo no podía durar. Tal vez los romanos podían seguirla o peor aún, torturarla y forzarla a revelar su paradero. Entonces, Rabí Shimón y su hijo huyeron a una cueva cerca del pequeño pueblo de Pekiín, en la ladera de una montaña de Galil. Allí sucedió un milagro: creció un algarrobo en la entrada de la cueva y surgió un manantial.
 
Durante doce años estudiaron Torá día y noche sin ninguna otra preocupación más que estudiar y comprender la sabiduría de Hashem. Las enseñanzas de esos años se escribieron, tiempo después, para formar el sagrado Zóhar, un libro sobre conocimientos de Kabalá que contiene los misterios de Hashem, de la Torá y de la Creación.
 
De Vuelta al Mundo
 
Después de doce años, el emperador romano murió, ¡Rabí Shimón y Rabí Elazar pudieron abandonar la cueva! Cuando empezaron a caminar libremente por los alrededores vieron un granjero que estaba muy ocupado haciendo su trabajo. Después de todos esos años de estudio sagrado en la cueva, Rabí Shimón no podía entenderlo. Se enojó y dijo:

-¿Cómo puede la gente desperdiciar su tiempo en cosas como estas cuando podrían estar estudiando Torá? Una voz vino del Cielo y les dijo a los dos Rabanim que regresaran a la cueva hasta que estuvieran preparados para entender lo duro que tiene que trabajar la gente para ganarse el sustento.
 
Un año después volvieron a abandonar la cueva. Era la tarde de éreb Shabat y vieron a un anciano que bajaba rápidamente por el camino llevando dos perfumadas ramas de mirto. Le preguntaron para qué eran las ramas. El contestó:

-Son en honor al Shabat. Una es para el mandamiento de recordar al Shabat y la otra para el mandamiento de no trabajar en Shabat.

Rabí Shimón le dijo a su hijo:

-¡Mirá cómo nuestros prójimos, los judíos, aman las mitzvot!
 
Muchos años más tarde, cuando se acercaba el día de su muerte, Rabí Shimón reunió a sus alumnos y les enseñó muchos misterios de la Torá que ninguna otra persona de su generación había conocido. El sol no se puso hasta que hubo terminado. Finalmente, terminó. Les dijo a sus oyentes que siempre deberían alegrarse en ese día, porque en él se les había revelado muchísima Torá. Luego murió. Era Lag Baómer. Desde entonces, siempre se ha celebrado ese día como lo pidió Rabí Shimón.

 
- Extraido del libro Olamenu. Editorial Perspectivas -

 
(Con la amable autorización de www.tora.org.ar)




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