17 Nisán 5779 / lunes, 22 de abril de 2019 | Parashá Semanal: Ajarei Mot
 
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El Ritmo del Corazón    

El Ritmo del Corazón



¿Cómo es que el pueblo judío ha logrado renovarse continuamente a pesar de los pogroms, las persecuciones, la asimilación y el Holocausto?

 



Este mes será para ustedes el comienzo de los meses (Éxodo 12:2).

La Parashat HaJodesh es la cuarta de las Arba Parashot, las cuatro lecturas especiales de la Torá que se leen además de las lecturas normales de la Torá durante las semanas que vienen antes y después de la festividad de Purim. Leemos la Parashat HaJodesh el Shabat anterior al comienzo del mes de Nisán, que es el primero de los meses hebreos. Y si Rosh Jodesh cae en Shabat, entonces leemos la Parashat HaJodesh en ese día.

Este comienzo de mes, RoshJodesh Nisán, juega un rol muy importante en el calendario judío. En primer lugar, es el día de inauguración del Santo Tabernáculo, el Mishkán. Pero hay algo todavía más importante, y es que Rosh Jodesh Nisán es el día en que todo el pueblo judío en forma conjunta recibió su primer precepto: el precepto de santificar la Luna Nueva.

Durante el período histórico en el que tuvo lugar el milagro de Jánuca, los seleúcidos (griegos sirios) comprendieron que el precepto de santificar la Luna Nueva, junto con el precepto de la circuncisión y el precepto de Shabat, constituyen el cimiento mismo del judaísmo. Y es por eso que prohibieron los tres.

¿Qué era lo que sabían los griegos sirios que nosotros no sabemos? ¿Qué tiene tan de importante santificar la Luna Nueva? A diferencia de los romanos, los griegos tenían apariencia de ser un pueblo benevolente. Ellos no asesinaban a la gente, como los romanos. Ellos “solamente” prohibieron los preceptos de la circuncisión, el cumplimiento de la Torá y la santificación de la Luna Nueva.

La circuncisión es el sagrado pacto del hombre judío con Dios. Los griegos sabían que si destruían el pacto, entonces en una o dos generaciones, ya no quedarían más judíos ni judaísmo, Dios no lo permita.

Rabí Najman de Breslev explica que el Shabat es llamado ioma de-mehemnuta (el día de la Emuná), pues al observar el Shabat, el judío está declarando su Emuná en que HaShem creó el universo en seís días y descansó al séptimo. Rabí Natan de Breslev añade que el Shabat es el testimonio de nuestra creencia en que la Creación se renueva cada semana que pasa. Teniendo esto en cuenta, los griegos sabían perfectamente que podían atacar la Emuná de los judíos si atacaban primero la santidad del Shabat. Y sin Emuná, los judíos y el judaísmo iban a marchitar, Dios no lo permita.

El término hebreo que significa “nuevo” es jadash, mientras que el término “mes” se dice jodesh, o sea que ambos comparten la misma raíz y se escriben igual, ya que en la Torá jodesh se escribe sin vav. El hebreo, que es la lengua sagrada, contiene muchos secretos Divinos en cada palabra y dichos secretos revelan las dimensiones internas de las creaciones de HaShem. El nuevo mes es el corazón del ciclo de renovación de la Creación. Nuestros Sabios kabalísticos enseñan que el mes lunar es el corazón del tiempo, pue sel mes lunar es el pulso de la creación, igual que el ritmo del corazón. De hecho, las primeras dos letras de la palabra hebrea levaná son lamed y bet, que juntas forman la palabra lev, que significa “corazón”. La esencia de la luna es la renovación, pues vemos que en guematria katan, o “baja numerología”, que levaná equivale a 15 (lamed igual a tres, bet igual a dos, nun igual a cinco, hei igual a cinco), mientras que tanto jadash como jodesh en guematria katan equivalen ambas a 15 (jet igual a ocho, daled igual a cuatro, shin igual a tres). La renovación mensual de la fertilidad de la mujer da testimonio del hecho de que el mes lunar es verdaderamente el corazón del ciclo de renovación.

La historia judía es la historia de la renovación, igual que la luna. Ha habido períodos de la historia en que nuestro pueblo demostró un creciente brillo y hubo otros períodos en los que ellos entraron en decadencia y prácticamente desaparecieron, sumiéndose en la oscuridad espiritual. Sin embargo, siempre estuvieron las fiestas judías para revitalizar a nuestro pueblo. El ritmo de vida judía late de una festividad a otra. Continuamente nos vamos renovando. Los griegos sabían que si prohibían la santifiación de la Luna Nueva, el calendario judío se iba a “ir al tacho” y ya no habría más festividades, Dios no lo permita. Es por eso que la santificación del nuevo mes junto con el calendario lunar constituyen el cimiento mismo del judaísmo.

Pero vayamos un paso más allá. RoshJodesh, que es el primer día del mes judío, es un día de alegría, de simjá, ya que recitamos el Halel, nos abstenemos de ayunar, añadimos la plegaria iaalé ve-iavó a los rezos diarios y comemos comidas festivas. Rabí Tzadok HaKohen de Lublin escribe que HaShem conecta la simjá, la alegría, del corazón a través de Rosh Jodesh, pues el Rey David dijo en el Salmo 97 que “los rectos de corazón tendrán simjá”. El corazón funciona mejor cuando se encuentra en un estado de dicha, pues la dicha es la principal manifestación de la santidad, ya que esta es un prerrequisito indispensable para la verdadera felicidad.

Si la renovación del mes nos trae alegría al corazón, entonces la renovación del primer mes del año, Rosh Jodesh Nisán, es ciertamente un día de inmensa alegría. Vemos cómo la creación se renueva completamente en torno a nosotros. Después de la sequedad del invierno, todo vuelve a cobrar vida y se vuelve vibrante. Ese es el secreto del pueblo judío. Así como soportamos el exilio, la diáspora, los pogroms y el holocausto, así también soportaremos los desafíos de esta generación hasta que si Dios quiere este año podamos participar del korbán de Pesaj, el cordero pascual, junto con Mashíaj Tzidkeinu en nuestro Templo reconstruido en Jerusalén. Amén!

 





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