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La píldora de la felicidad    

La píldora de la felicidad



Un marido muy malhumorado fue a consultar de urgencia a su rabino: “Rabino, quiero divorciarme de mi mujer. No la soporto...”.

 



Un marido muy malhumorado fue a consultar de urgencia a su rabino: “Rabino, quiero divorciarme de mi mujer. No la soporto”.

 

“¡Qué!”, exclamó el rabino. “¡Hace veinte años que estás casado!”. ¿Qué pasó de repente que te quieres divorciar?”.

 

“Ella me deprime. Yo antes era un tipo contento pero ella todo el día anda con la cara por el suelo. No hay nada que la alegre y todo el día se queja de todo. No importa cuánto la ayude, nunca es suficiente. Si la llevo a un restaurante lácteo, me dice que quiere comer carne. Si la llevo a una parrilla, me dice que tiene ganas de comer ravioles con queso”.

 

“No te preocupes”, le respondió el rabino. “La aflicción que ella te causa sin lugar a duda te está salvando de problemas de salud y problemas financieros. Tu salud y tus ingresos están bien, no es cierto?”. El marido asintió con la cabeza. “¿Ves? No te conviene divorciarte”.

 

“Pero rabino…”, insistió él. “No es solamente su malhumor y su constante depresión. Tampoco mueve un dedo en casa. Si no traigo comida comprada para Shabat, no hay qué comer. La casa está hecha un desastre. No lava la ropa. Si a usted le importa de mi estado de salud físico y mental, rabino, por favor arrégleme el divorcio”.

 

El rabino abrió el cajón de su escritorio y sacó dos botellas de píldoras. “Voy a hacer algo mejor. El divorcio te va a costar una fortuna y te va a destruir la vida. Acá te voy a dar unas pastillas para que ella tome. Una es una píldora para la felicidad y la otra es para la diligencia. No puedes darles las dos porque no son compatibles entre sí. Tienes que elegir una sola. Son infalibles. La primera va a acabar con su depresión y la segunda va a hacer que tengas la casa impecable y te olvides de la lavandería y el restaurante. ¿Cuál prefieres? No puedes llevarte las dos…”.

 

El marido se entusiasmó: “¡Yo sueño con una mujer feliz! Si esto funciona, rabino, y ella se pone contenta, le voy a quedar por siempre agradecido, rabino!”. Entonces tomó esa botellita y se la llevó a casa. La mujer tomó la primera píldora y se puso contenta inmediatamente. A la semana, no quedaban rastros de su antigua depresión. La vida era un paraíso para el marido, la mujer y los hijos.

 

─-

No piensen que esto es una simple fantasía. Esta es la prueba de que es algo real:

 

La profecía de la Torá en el capítulo 28 de Deuteronomio explica el motivo de todas las desgracias que sufrió el pueblo judío en la destrucción del Segundo Templo y el subsiguiente exilio y diáspora, que continúan hasta el día de hoy. “Porque no serviste a Hashem con alegría”. Cuando la persona está deprimida, no está sirviendo a Hashem. Y aunque sea estrictamente religiosa, todos los rezos y los preceptos que cumple los hace sin corazón, como un cuerpo sin un alma.

 

Pensemos un momento cuánto ansiamos el Templo Sagrado, los sacrificios diarios que expían nuestros pecados cada día, la magnificencia del Sumo Sacerdote, el Cohen Gadol, la increíble armonía de 32 partes de los levitas y, por sobre todo, la Presencia Divina en nuestro medio. En la época del Templo Sagrado, nuestro pueblo tenía todas estas cosas. Pero en vez de apreciar todo eso, se quejaron y buscaron la alegría fuera de los confines de la Torá y la santidad. Y trajeron la destrucción.

 

Como nación, seguimos siendo como la mujer deprimida y quejona de la parábola anterior. Hashem en Su infinita compasión nos da la oportunidad de escaparnos de nuestras dolencias emocionales y espirituales. Una vez al año, nos da una “píldora de la felicidad” – la fiesta de Sucot, cuando habitamos en la sucá durante siete días. La Sucá es como el Templo Sagrado, porque, como dice el Zohar, la Presencia Divina habita en la sucá.

 

Esta es la píldora de la felicidad. Pruébenla y van a ver que funciona!





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