20 Jeshván 5782 / martes, 26 de octubre de 2021 | Parashá Semanal: Jaiei Sará
 
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A La Luz del Shabát - Haazinu



Un sirviente, que trabajaba en las casas de tres poderosos millonarios, tenía incluida entre sus funciones, la compra semanal de frutas y verduras en la feria del pueblo...

 



Un sirviente, que trabajaba en las casas de tres poderosos millonarios, tenía incluida entre sus funciones, la compra semanal de frutas y verduras en la feria del pueblo...

 
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Sobre este Shabat, en el que se acostumbra, en todas las comunidades, a organizar desde charlas hasta conferencias para despertar los corazones, el Ben Ish Jai contó una parábola actual y descriptiva:

Un sirviente, que trabajaba en las casas de tres poderosos millonarios, tenía incluida entre sus funciones, la compra semanal de frutas y verduras en la feria del pueblo.

Este sirviente no estaba bendecido con la cualidad .de la rectitud, por eso cuando compraba por diez monedas, les pasaba a sus patrones un gasto de quince monedas, quedando en su bolsillo la diferencia, al margen del sueldo fijo que recibía mensualmente.

Los millonarios, que nunca habían controlado el valor real de las frutas y las verduras, no tenían idea del costo extra por intermediación que pagaban en cada compra y por supuesto, el sirviente nunca se molestó en revelárselos.
 
En una oportunidad, los tres hombres se encontraron en medio de una charla, y surgió en la conversación el tema de la feria. 

Uno de ellos propuso: “Pienso que tenemos que buscar una oportunidad para visitar esta interesante feria”.

Sus amigos, que en sus vidas habían pisado un lugar como este, aceptaron entusiasmados. 

Entre los tres concertaron pedirle al sirviente que los acompañe como guía en este paseo. Y del pensamiento al hecho - inmediatamente lo mandaron llamar y le informaron de su nueva función, acompañando a cada uno de sus patrones, a uno por la mañana, al otro a la tarde y al último por la noche, a la feria.

Parado frente a ellos, el sirviente sintió como la sangre abandonaba su cara y su semblante empalidecía: ¡¿Qué haría si en el momento que los ricos pusieran sus pies en la feria, los vendedores pregonarían sus ofertas y él quedaría al descubierto?! ¡Inmediatamente se darán cuenta de la gran diferencia entre los precios que él les informaba y los reales! ¿Y qué pasará con su sustento…?

Pero no tenía escapatoria… las cartas estaban echadas.

Al día siguiente, a la mañana temprano, llegó a la casa del primer “aventurero”. Este lo esperaba ansioso.

Sin embargo, el sirviente, con cara de sorprendido, le preguntó con tono de duda: “¿Realmente, tú piensas ir allí?”.

“Seguro”, respondió el millonario, pero su autoestima se quebró rápidamente.
 
“¿Y por qué no?”.
 
“¿Y por qué no?”, rió burlonamente el sirviente. “¡Me queda claro que en tu vida fuiste a la feria! ¿Acaso sabes que el piso de la feria está completamente cubierto de tomates podridos? ¿Acaso conoces el aroma desagradable de los tomates podridos… y en lo resbaladiza que se convierte la calle… y lo difícil que es caminar por allí entre la muchedumbre, para una persona como tú? 

“¿En serio?”, se asustó el ingenuo millonario. “Si es así, haré bien en dejar pasar esta oportunidad tan desagradable…”. “No hay duda” aceptó el sirviente, y rió dentro de su corazón al comprobar la inocencia de su patrón. Satisfecho por el éxito de la mañana, por la tarde se dirigió a la casa del segundo patrón, que como el primero, lo esperaba ansiosamente.

También a este intentó convencerlo, pero más intrépido que su amigo, le aclaró que nada que le dijera lo haría cambiar de opinión y no estaba dispuesto a perderse este paseo.

Sin otra opción, lo guió al mercado. Mientras paseaban por las calles de la feria, el sirviente comenzó a contarle una tras otra, interesantes historias, estupendas adivinanzas y bromas jocosas, tan divertido estaba el rico con la interesante conversación de su interlocutor que ni prestó atención a los gritos de los vendedores que trataban de llamar su atención con jugosas ofertas.

Después del éxito rotundo en esta segunda experiencia, el sirviente se dirigió a la casa del tercer amigo. 

Como con los dos primeros, intentó que desistiera de esta experiencia desagradable, pero el hombre estaba decidido. Tampoco quiso escuchar sus historias, con las que intentó distraerlo mientras caminaban por la feria, lo calló diciéndole que deseaba concentrarse en la experiencia que estaba vivenciando por primera vez en su vida y no quería perderse ni un detalle.

El sirviente se mordió los labios y su corazón comenzó a palpitar agitadamente - pero no había nada que pudiera hacer, y siguieron recorriendo la feria en silencio, mientras que los vendedores proclamaban sus ofertas: “tomates por 5 monedas…” “pepinos por 2 monedas…” “duraznos por 10 monedas solamente…”.

¡Su sirviente que caminaba a su lado, casi sufre un soponcio al pensar que el día anterior él mismo le había dicho que tanto las frutas como las verduras, cada una de ellas valía 15 monedas!

Al concluir la visita, el patrón miró al sirviente y este, hábilmente, en un último intento de cubrir sus actos, le aclaró: “Querido patrón, seguro escuchaste los bajos precios de las frutas y las verduras de esta feria, pero olvidé contarte que por cuanto aquí la mercadería no es de buena calidad, yo hago las compras en la otra feria… los precios son más elevados, pero la mercadería es de buena calidad, como corresponde a tu categoría…

¿Qué piensan ustedes? ¿Le creerá el patrón o no? No hay duda que con un mínimo de inteligencia y discernimiento podrá sacar sus propias conclusiones con respecto al sirviente.

Continúa el Ben Ish Jai:

Hay tres clases de personas a las que la Mala Inclinación intenta impedirles que escuchen las conferencias del Shabat Shuva.

Al primero, cuyo pensamiento no es tan elevado, le dice: “¿Sabes dónde tienes que ir ahora? ¿Acaso te falta inteligencia? ¿Deseas entrar en una sinagoga colmada de personas? El clima es asfixiante allí… El aire acondicionado no funciona. Si quieres saber que dijo el Rab, ve más tarde a la casa de un vecino, que te contará encantado un resumen de la charla. No comprendo ¿Cuál es el apuro?

El segundo, más firme en sus convicciones, seguro que no se debe dejar pasar la conferencia del Rab (por el qué dirán), la Mala Inclinación lo deja llegar a la sinagogapero una vez allí le provoca un inmenso cansancio, su cabeza le pesa y lucha por sostenerla erguida, pero cada tanto lo vence el sueño y cuando despierta mira a su alrededor para verificar si alguien se dio cuenta y notó la modorra que cayó sobre él, y se alegra al comprobar que hay otros en su misma situación.

Y cuando el conferencista hace reír a los oyentes con un comentario gracioso, lo disfruta y mira a su alrededor para ver cuanta gente entendió la broma. También de aquí sale la Mala Inclinación satisfecha con su botín en mano. Y si algo entró en los oídos de esta persona, no tardó en volver a salir sin dejar huella que despierte su corazón.

Con respecto al tercero, que se acercó a la sinagoga  para escuchar la conferencia, con mucho interés y valoración, tampoco a este la Mala Incvlinación lo deja pasar así sin más…

Cuando termina la conferencia le dice… “Es correcto lo que dijo el Rab, habló muy bien, pero eso es para personas que estudian Torá 18 horas por día, sus palabras no estaban dirigidas a ti, tú no estás en esa categoría...”.

Cuando la persona se convenza que estos pensamientos responden a hábiles seducciones de la Mala Inclinación, tendrá éxito en sobreponerse y desecharlos, permitiéndose a sí mismo conmoverse y volver en Teshuvá  (arrepentimiento) completa siendo bendecido con un año bueno y sellado para bien.
 
 
- Tomado y Editado de Maor HaShabát, de la comunidad Ahabat Ajim, Lanus, Argentina. Editor responsable: Eliahu Saiegh -
 
(Gentileza de www.Torá.org.ar)




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  3 Comentarios del visitante:    Ver todos los comentarios  
  1.
  Sobre alegrias Y SUSTENTO
Yunior Peña Presival18/10/2019 0:06:03
     
 
  2.
  Nuestra Mala Inclinación
Jorge Sánchez13/10/2019 18:35:01
     
 
  3.
  Shabat
Antonio Alvarez López09/10/2019 17:37:41
     
 

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