14 Kislev 5781 / lunes, 30 de noviembre de 2020 | Parashá Semanal: Vaishlaj
 
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Ojos iraquíes    

Ojos iraquíes



Daniela tiene dudas. Ella piensa que si convive con su novio va a conocerlo mejor. Daniela le pide consejo a la Dra Rajeli….

 



Querida Rajeli: Hace seis años que salgo con un hombre y él quiere casarse. La verdad es que a mí me da un poco de miedo porque no siento que lo conozco lo suficiente. Pensé que sería buena idea convivir un año o algo así y ver cómo van las cosas. Después de todo, el matrimonio es un compromiso muy grande. Él no quiere esperar porque quiere empezar una familia. Los dos tenemos 33 años. No sé qué hacer…

Daniela

 

Querida Daniela:

Antes de responder a tu pregunta, te quiero contar la mía. Un mes después de que me casé con mi marido, nos embarcamos en nuestra luna de miel a Inglaterra e Israel. En realidad, Inglaterra fue más bien una parada de un día y sabes qué? Voy a empezar con Inglaterra.

 

Mi marido y yo habíamos estado de novios un año y medio antes de casarnos, o sea que obviamente yo pensaba que conocía muy bien al tipo. Nuestra luna de miel fue en enero y como podrás imaginarte, en Inglaterra hacía un frío de locos. No recuerdo exactamente por qué pero llegamos al aeropuerto cerca de medianoche. Nuestro equipaje decidió no hacer su aparición sino hasta una hora después y las colas para el taxi tardaron otra media hora. Creo que había una tormenta de nieve.

 

El aeropuerto estaba congelado y había una cafetería abierta. Yo me acerqué y traté de calcular los precios. Como mi marido viajaba mucho por negocios a Inglaterra, él ya sabía el cambio dólar-libra esternlina y rápidamente me hizo detenerme. ¿Sabes lo caro que es el café acá?, me preguntó.

 

A mí el corazón casi me deja de latir. “¿Qué?”, me di vuelta para mirarlo con la boca abierta en shock. ¡Me estoy congelando y a ti no te importa?!”. Para serte sincera, no recuerdo si al final compré el café o no pero sí recuerdo perfectamente el sufrimiento que sentí al darme cuenta de que mi marido es un tacaño!!

 

Espera, Daniela, la cosa se pone todavía peor! Me parece que a eso de las 3 de la madrugada llegamos a ese hotel tan exclusivo que mi marido usaba para sus kilómetros de vuelo (Dios no lo permita que tuviera que realmente pagar…) y el conserje nos ofreció enviarnos chocolate con churros a la habitación. “Nos van a cobrar una fortuna por esto”. “Voy a aceptar el chocolate, muchas gracias”, le dije amablemente al conserje, mientras le daba una patadita en el tobillo a mi marido por su repugnante tacañería.

 

Digamos solamente que el resto de la noche no fue tan romántico….

 

Unos días más tarde, seguimos casados (milagrosamente) y estamos en Tzfat, que es una preciosa ciudad antigua en el norte de Israel. Estábamos comiendo un riquísimo desayuno en un precioso hotel que parecía haber sido construido en la Edad Media. De repente, entre un bocado y otro, mi maridito me dice: “Sabes… algún día me gustaría vivir acá en Israel”.

 

“Quéeeeee???!!!”. Me quedé mirándolo con tanta furia que podría haberle quemado un agujero a través de su frente. “No hay forma de que yo ALGUNA VEZ me venga a vivir a Israel. TE QUEDÓ CLARO??”, le ladré. Saben qué? Yo estoy casi segura de que en alguna vida pasada yo fui comandante en jefe del ejército…

 

La gente en el hotel se dio vuelta para ver qué pareja les había echado a perder su desayuno relajante. Yo también me di vuelta a mirar por encima de mis hombros, simulando buscar a esa pareja tan molesta. Sentí que en ese mismo momento los dos nos estábamos preguntando: “¿Con quién demonios me casé?”. Hasta el día de hoy, trece años más tarde, mi marido sigue traumatizado por los Ojos Iraquíes, que le hacen temblar las rodillas. Ahora, cuando él ve los ojos iraquíes a punto de salirse de sus órbitas, él sabe que tiene que tirarse atrás PORQUE SI NO…..

 

Así que ya ves, Daniela, lo que te quiero decir es que jamás puedes saber realmente con quién te estás casando. Puedes vivir lo más bien bajo un mismo techo durante quince años, y luego casarte y divorciarte un año después. Pasa todo el tiempo.

 

El matrimonio, además de ser un compromiso real, que actualmente a la gente le da terror, es como una operación espiritual. Aunque sean dos cuerpos separados, ahora sus almas están fusionadas y ahora tienen que trabajar los dos juntos para decidir cómo operar el nuevo y mejorado monstruo OGM que son ahora tú y tu marido.

 

En una palabra: el matrimonio cambia quienes somos y saca afuera lo mejor y lo peor de cada uno de nosotros. Además es la única oportunidad real de poner las necesidades de tu esposa (y si Dios quiere, de tus hijos) antes que las tuyas. ¿Y por qué esto es tan importante? Porque el matrimonio nos enseña qué es el amor.

 

El compromiso, el bajar tu ego, el hacer cosas que no quieres hacer pero que las vas a hacer porque hacen feliz a tu pareja, mejorar tus rasgos de carácter, etc… son todas cosas que solamente pueden aprenderse dentro del marco del matrimonio. La pareja que convive sin casarse siempre sabe en el fondo que puede salirse fácil de la relación y esto, para mí, es uno de los motivos por los que no se pelean tanto. No tienen esa sensación de estar atascados en la relación por el resto de sus vidas, lo cual suena terriblemente deprimente.

 

Ah… y otra cosa más: tienes que decidir si los dos tienen la misma opinión con respecto a estilo de vida, observancia religiosa, cómo educar a los hijos, etc. Si no resuelven estos temas ahora, después va a sufrir por las discusiones. Encárguense de esto lo antes posible.

 

Entonces si él es una persona relativamente normal y no tiene problemas psicológicos graves que necesiten atención urgente, y los dos quieren las mismas cosas en la vida, entonces ¿por qué no casarse? ¡No te estás volviendo cada vez más joven, mi querida!

 

Con mis mejores deseos,

 

Rajeli

 

Pueden enviar sus preguntas, y en especial sobre temas como el noviazgo, el matrimonio, la educación de los hijos y el rol de la mujer. Escriban a racheli@breslev.co.il





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