14 Kislev 5781 / lunes, 30 de noviembre de 2020 | Parashá Semanal: Vaishlaj
 
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¿Para qué me voy a casar?    

¿Para qué me voy a casar?



En la sociedad moderna es muy común que las parejas convivan sin un compromiso formal. ¿Qué problema hay?

 



Si bien el matrimonio es una institución milenaria, en la sociedad moderna es muy común que las parejas convivan sin un compromiso formal. ¿Qué problema hay? Mucha gente siente que el matrimonio es beneficioso debido a que forja un lazo mucho más fuerte entre los dos miembros de la pareja pero para otros la explicación resulta bastante inadecuada. Basándose en el fuerte énfasis en la Torá, trataremos ahora de aclarar la significatividad y la importancia del matrimonio.

Comencemos entonces analizando a Adam (Adán), el primer hombre que existió. Adam fue creado solo en el Jardín del Edén y HaShem dijo: “No es bueno que el hombre esté solo”. ¿Qué era lo que “no era bueno” de estar solo? HaShem no quería que Adam se sintiera solitario? ¿Que no tuviera nadie con quien conversar y con quien compartir su vida? El famoso comentarista de la Torá, Rashi (Rabí Shlomo Itzjaki 1040-1105) nos dice: “fue para que la gente no dijera que hay dos soberanos en el universo – que HaShem reina en los mundos superiores y que Adam reina en los mundos inferiores”. El significado exacto de este error es difícil de conocer pero por lo menos se nos dice que Adam necesitaba que lo equilibrara y lo mantuviera a raya. Java (Eva) tenía todas las calificaciones necesarias para hacerlo.

En su comentario, Rashi ensalza la grandeza de la mujer. Si el judaísmo creyera que la mujer era una ciudadana de segunda clase o “la esclava del hombre”, entonces su creación no haría más que empeorar las cosas al alentar el desequilibrado sentimiento de poder del hombre. Es evidente que ella era el necesario contrapeso a la tendencia que tenía el hombre de tener un ego inflado.

Además de bajar al hombre de las grandes alturas, ¿qué otro aspecto del hecho de “estar solo” se mejoró a través de la institución del matrimonio?

El Rabino Eliahu Dessler (gran pensador rabínico y autor de obras clásicas del pensamiento ético judío, inglés, 1891-1954) enseña que existen básicamente dos clases de personas en este mundo: los dadores y los tomadores. Si bien la mayoría de nosotros estamos más o menos en el medio de ambos extremos, en general, cada persona y cada acción puede ser evaluada como una de las dos. Uno puede “dar” un regalo y aun así ser un “tomador”, porque espera algo a cambio. Y viceversa: uno puede “tomar” un regalo y a la vez ser un “dador” al darle al otro el placer de compartir algo preciado.

En este mundo, ¿quién es el Máximo Dador? Obviamente, HaShem. Él da y da y da. Y en el judaísmo, el más grande objetivo de la vida es ser como nuestro Creador. Aquel que verdaderamente aprende el arte de dar se ha convertido en sí mismo en un vehículo para la Divinidad.
El primer hombre era por definiciónun tomador. El hecho de tener una esposa le brindó la maravillosa oportunidad de cambiar su inclinación natural y parecerse más a HaShem. Para todos nosotros, el acto de dar exige un gran compromiso y un gran esfuerzo. Tratemos de aplicar este principio al matrimonio. En general, la gente entra en relaciones porque les hace bien y es de esperar, si bien no es el principal motivo, porque también le hace bien al otro. En toda mi vida no encontré una persona que dijera: “La mujer con la que me quiero casar es increíble. Hasta tal punto es maravillosa que estoy pensando en presentársela a mi vecino, que en realidad es mejor persona que yo”. En las etapas iniciales de la relación e inclusive el matrimonio, somos más que nada tomadores. (Por supuesto, le estamos dando al otro, pero más que nada estamos concentrados en los apasionados sentimientos que nos invaden a nosotros mismos). Sin embargo, a través del largo y formidable proceso de compartir y darle  a aquella persona que nos importa finalmente nos estamos acercando al objetivo, que es transformarnos en verdaderos dadores.

¿Qué es lo que nos garantiza o por lo menos nos ayuda, a transformarnos en verdaderos dadores? Un compromiso verdadero. El matrimonio es la institución que estableció la Torá para que crezcamos y pasemos de ser “tomadores” a ser “dadores” y finalmente a convertirnos en seres verdaderamente “Divinos”. Sin el matrimonio, nos estamos acercando al proceso pero a la hora de la verdad, si uno de los dos no está feliz con la situación y siente que el otro está “tomando” más de lo que le corresponde, la relación se desmorona. Porque sin el matrimonio, el enfoque se centra principalmente en mí, pero con el matrimonio hay grandes probabilidades de que el enfoque se centre en el otro. Por supuesto que la vida no es blanco o negro, pero todos sabemos que cuando existe un compromiso uno se esfuerza y cuando uno se esfuerza, uno puede producir cambios.

En términos prácticos, todos tenemos momentos en los que no sentimos que podemos darle a nuestra pareja. Esta situación es esencial para poder tener un matrimonio exitoso. Porque cuando damos porque queremos dar, uno está pensando en uno mismo. Pero cuando damos porque el otro quiere o necesita, entonces se trata de darle al otro y recién entonces estamos practicando el arte de dar.

Uno de los desafíos más grandes de la vida es el matrimonio. El matrimonio puede ser un paraíso terrenal o bien exactamente lo opuesto. HaShem siempre tiene nuestros mejores intereses en mente. Para poder tener éxito en la vida tenemos que aprender las lecciones que Él quiere impartirnos: ayudarnos a cambiar, de ser “tomadores”, pasar a ser “dadores”, y a verdaderamente disfrutar del regalo de una relación interpersonal. Porque el matriomonio en el que uno da y vive en armonía con el otro es un regalo y una de las más grandes fuentes de bendición en este mundo que tenemos a nuestro alcance.

Ojalá HaShem nos ayude a aprender de nuestros santos antepasados la importancia de dar y la oportunidad de dar, y que podemos gozar del regalo resultante, de tener un matrimonio lleno de amor y cariño.
 
 





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