20 Tamuz 5779 / martes, 23 de julio de 2019 | Parashá Semanal: Matot
 
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Eutanasia: ¿Sí o No?    

Eutanasia: ¿Sí o No?



Es verdad que nuestro paciente no tiene posibilidades de obtener placer ni de hacer ninguna contribución a la sociedad, pero eso no significa que...

 



La gran parte de los debates referidos a la eutanasia giran en torno a la definición del término “muerte”. En el momento en que la persona es declarada muerta, obviamente está permitido quitar todas las formas de mantenimiento de vida. Ahora bien: la definición de muerte dependerá de si uno adopta un punto de vista médico, ético, moral, espiritual, filosófico, lógico o halájico. Yo personalmente querría añadir que en realidad el tema en debate no es la definición de muerte, sino la definición de lo que es “vida”.

Tanto a los partidarios de la forma de vida secular como a los partidarios de la forma de vida religiosa no les interesa verdaderamente si el paciente está muerto o no. Lo que ellos quieren saber es si hay que considerarlo con vida y, por lo tanto, si le corresponden todos los derechos de las personas con vida. Es por ese motivo que en vez de tratar de definir lo que es “muerte”, vamos a intentar definir lo que es “vida”. Y esto va a ser mucho más fácil si primero analizamos cuál es el propósito de la vida.

Desde una perspectiva secular, la existencia humana es en el peor de los casos tiene que ver con una proclividad hedonística y una utilidad pragmática. En el mejor de los casos, el propósito de la vida tiene que ver con el servicio y el servicio potencial que uno les presta a sus congéneres. En otras palabras – uno tiene que poder o bien contribuir con la sociedad o bien obtener placer de ella. Pero si no se puede lograr ninguno de estos objetivos, entonces ¿qué propósito tiene la vida? Si al culminar la vida uno es incapaz de obtener ningún placer corporal o ni siquiera es capaz de pensar, entonces deja de ser productivo para la sociedad y, por el contrario, comienza a ser una carga para ella. Si a todos los efectos, la vida ha culminado, entonces la muerte de esa persona no implica ninguna gran tragedia o pérdida. Ese es el punto de vista secular.

Sin embargo, desde un punto de vista espiritual, la existencia humana tiene otra dimensión más. Los seres humanos somos creados para servir a Dios y para crecer, y para eso se nos concede el regalo de la vida. Uno de los principios fundamentales del judaísmo es que nos trajeron a este mundo a, entre otras cosas, cumplir con los preceptos. Examinemos entonces la escena desde esta perspectiva. Es verdad que nuestro paciente no tiene posibilidades de obtener placer ni de hacer ninguna contribución a la sociedad, pero eso no significa que no pueda hacerse una contribución a sí mismo. Por ejemplo, el arrepentimiento exige de la persona un pensamiento o un sentimiento en el corazón. Yo no conozco ningún experimento que haya demostrado que una persona en estado de coma no pueda hacer teshuvá y arrepentirse.
 


Pongamos por ejemplo un caso histórico. Durante la ocupación de Jerusalén a cargo de los romanos, Rabí Janina ben Tardian fue arrestado cuando estaba leyendo un rollo de Torá a sus alumnos. Los romanos lo llevaron a la plaza pública, lo envolvieron con el pergamino del rollo de la Torá y lo quemaron en la hoguera. Y como si eso fuera poco, los bárbaros asesinos le pusieron al sabio pedazos de algodón húmedo junto al corazón, para que la agonía fuera lenta y dolorosa. Cuando el sabio estaba ya muriendo, sus discípulos se reunieron a su alrededor, impotentes, y vieron que su rostro tenía un aspecto impresionante. Los discípulos le preguntaron: “¡Rebe, díganos qué es lo que ve!”. Él les respondió que veía el pergamino quemándose pero las letras de la Torá salían volando por el aire. Al ver el tremendo sufrimiento de su maestro, los discípulos le pidieron que abriera la boca para que las llamas le entraran al cuerpo y así pudiera morirse más rápido. El rabino les dijo que no iba a hacer algo así – que Él que le había dado la vida decidiera cuándo quitársela. El verdugo romano, al presenciar la escena, aparentemente sintió gran inspiración ante tal escena y le pidió al rabino: “Si le quito las esponjas mojadas de su corazón para que deje de sufrir, ¿me va a llevar con usted al mundo venidero?”. El rabino le dijo que sí. Entonces el verdugo le quitó las esponjas, y el rabino murió y entonces el romano se suicidó arrojándose al fuego.

Ahora bien: parecería haber una contradicción dentro de este relato. El rabino estaba sufriendo y tenía la oportunidad de acabar con su vida, pero decidió no hacerlo, sino aguantar y confiar en que Dios sabía lo que estaba haciendo. Pero apenas unos momentos más tarde, cuando el romano le ofreció precipitar su muerte, ¡el rabino aceptó el ofrecimiento de inmediato! A mi entender, la solución es la siguiente: el rabino no iba a  hacer con su propia boca algo que interfiriera con la decisión de Dios de prolongarle la vida. Pero si el romano decidía precipitar su muerte, entonces eso era de hecho una decisión de Dios par poner fin a su terrible agonía.

Además, si una persona está a punto de morir, pero hay cerca de él un leñador cortando leña que con el ruido rítmico impide que la persona pueda morirse, ¿acaso está permitido que el leñador deje de cortar leña y al hacerlo cause la muerte de la persona? El Sefer Jasidim recomienda que el leñador deje de cortar la leña. Porque si bien el leñador está haciendo que el hombre se muera, no está  matándola sino que meramente está eliminando el factor que está postergando su muerte. Del mismo modo, en el caso de Rabí Janina, quitar la lana mojada no era un caso activo de acabar con una vida sino que era meramente quitar el obstáculo que impedía su muerte. Esta distinción no debe confundirse con lo que suele llamarse eutanasia activa o pasiva.

Es muy posible que desde un punto de vista legal el acto de quitar de la escena al leñador o quitar la lana mojada sea verdaderamente una forma de eutanasia activa; no obstante, está permitido en caso de muchísimo dolor. En este caso la perspectiva de la Torá es más liberal que la perspectiva legal. Sin embargo, el caso de “desconectar el enchufe” es más estricto, porque el corazón está funcionando, aunque sea en forma artificial, y al desconectar el respirador artificial uno está haciendo en forma activa que el corazón deje de funcionar.

Tosafot señala que, si bien Rabí Janina consideraba el suicidio algo inapropiado, uno puede acabar con su vida en el caso en el que se lo pueda torturar para que peque. Esto nos hace retornar al precepto original.

Si sostenemos que la única justificación para la continuación de la vida es que todavía hay tiempo para crecer y cumplir con los preceptos, entonces si la prolongación de la vida implica cometer un pecado, en ese caso no está justificado seguir viviendo. Si, como en el caso de Rabí Janina, nadie lo está forzando a que peque, entonces no debe interferir con el regalo Divino de la vida, porque aún es posible que siga creciendo espiritualmente, lo cual hace que la vida sí tenga valor. Si una persona con una enfermedad terminal sufre, y al conectarlo a una máquina artificial o al suministrarle ciertas drogas, la persona sigue viviendo, ¿qué dice la ley judía? A primera vista parecería que no existe tal pregunta. Dice la Torá: “No te pararás indiferente ante la sangre de tu hermano”. No podemos quedarnos mirando pasivamente y ver cómo el otro se muere si podemos hacer algo al respecto.

Sin embargo, Rabí Moshe Feinstein enseñó que en todas las circunstancias hay que proveerle al prójimo lo necesario para poder vivir, sea hidratación, oxígeno o sangre. El hecho de privarlo de estas tres cosas, cuando podría habérselas proporcionado, se considera un crimen en todas las circunstancias. Sin embargo, no existe la obligación de permitirle al cuerpo que posea estas tres cosas por medios artificiales u otros. Si al hacerlo se produce un estado prolongado del dolor, entonces está prohibido hacerlo.
 





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  1 Comentarios del visitante:    Ver todos los comentarios  
  1.
  muy interesante
Susana02/02/2014 19:58:52
     
 

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