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La Más Grande Bendición    

La Más Grande Bendición



Durante dos años enteros sentí que mi mundo estaba implosionando. Cuando las cosas se pusieron ya inaguantables, Le grité a HaShem que me enviara alguna forma de salvación…

 



Durante dos años enteros sentí que mi mundo estaba implosionando. Cuando las cosas se pusieron ya inaguantables, Le grité a HaShem que me enviara alguna forma de salvación. Recién en los momentos más difíciles me di cuenta de que HaShem me había estado rescatando todo el tiempo...

Cuando HaShem le ordenó a Abraham que se trasladara a Eretz Israel, le dijo así: “Lej lejá – vete a ti mismo, vete dentro de ti mismo”. Cuando el judío vuelve a casa, no sólo se rehace en otra persona, sino que se transforma en la persona que originariamente había sido creada. No es un proceso fácil. La Tierra de Israel se obtuvo con gran esfuerzo. Y volvernos nosotros mismos es una metamorfosis que exige gran esfuerzo.

Cuando yo llegué a Israel, toda mi vida era el mercado de valores. Tenía el dinero suficiente para invertir y los dividendos eran suficientes para mantener a mi familia. Era una vida relativamente simple, sin estrés. Había desafíos, como siempre los hay cuando uno se muda a un nuevo país, pero la presión del sustento no era uno de ellos. Para que Microsoft cerrara dos puntos más arriba, yo no tenía que hacer nada.

Ahí fue cuando di el gran golpe.

No fue un golpe fatal, pero fue lo suficientemente difícil como para sacarme del mercado para siempre. Sin aptitud para el idioma hebreo, ahora estaba en Israel y tenía que conseguir trabajo. Mis gastos eran muchísimo más grandes que el salario promedio. Si no encontraba la forma de mantener a mi familia, podría encontrarme en una situación peor que la más horrenda pesadilla, Dios no lo permita.

Me enfermé de tan sólo pensarlo. Este nivel de nervios era algo que nunca antes había sentido. El temor que sentía a cada instante de que podíamos ir a la quiebra o peor era como una constante maña alrededor de mi cuello.

Le rogué a HaShem con más intención que nunca antes. Mis charlas con Él adoptaron una longitud y una seriedad sin precedentes en toda mi vida.

Pero las cosas no mejoraron.

Empecé a enviar mi currículum a todo tipo de empresas. Consulté con expertos laborales. Recurrí a asesores profesionales y a la Asociación de Norteamericanos en Israel. Todos me dijeron lo mismo: no se preocupe. Utilice toda su creatividad y aprenda algo nuevo para complementar lo que ya sabe. Cientos de miles de norteamericanos se las arreglan lo más bien. Tiene que tener fe.

Cuando consulté con mi rabino, él me dijo exactamente lo mismo: Confía en HaShem, Él te va a dar exactamente lo que necesitas. Todo va a estar bien, no te preocupes.

Mi esposa y yo empezamos a ajustarnos los cinturones. Salíamos solamente una vez cada tanto y comíamos sándwiches de pita hechos en casa. Pasamos la primera parte de nuestro paseo haciendo compras en el mercado de Jerusalén, el shuk, y fuimos a dar una caminata y a rezar en la Ciudad Vieja. Jamás antes la pasamos tan bien el uno con el otro. Para las vacaciones, vamos de campamento con los chicos. En vez de pagar carísimas habitaciones en un hotel, armamos una carpa. Así visitamos a Eilat, Ashdod, y el Mar Muerto.

Tiene algo de majestuoso despertarse con el aire fresco de la mañana. Es algo indescriptible sacar la cabeza por la entrada de la carpa y ser bienvenido por un paisaje que embriaga todos tus sentidos.

Fui a estudiar diseño web. Me encanta. Me resulta muy energizante hablar de una idea el domingo y programarla, convirtiéndola en una realidad, el lunes. Con la ayuda de Dios, este nuevo trabajo me va a posibilitar generar un sustento sin tener que preocuparme por el índice bursátil de Dow Jones.

Nadie Le dice a Dios: “Llévate mi dinero. Llévate mi serenidad. Haz que mi vida sea insoportablemente difícil”.

Pero eso era exactamente lo que yo necesitaba. Para poder avanzar en la vida, tenía que desarrollar la feroz determinación de hacer todo lo que pueda por mantener a mi familia aprovechando al máximo cada momento. Por primera vez en mi vida siento que estoy funcionando con el potencial que HaShem me dio para producir en Su mundo.

Le pedí a HaShem que se encargara de mi familia. Dios me proveyó las necesidades que ni siquiera sabía que tenía. Todo el tiempo yo me había preocupado. Había cuestionado. Me caí más de una vez. Me enojé. Me pregunté una y otra vez si HaShem realmente se estaba ocupando de mí, si “alguna vez” Él iba a ayudarme.

Todo ese tiempo, Él no sólo me ayudó sino que se encargó de mí en el más profundo de todos los niveles. Me atendió en forma tan pero tan especial que ni siquiera me di cuenta. Pensé que Él no estaba haciendo nada. Pero Él continuó dándome.

Y si HaShem provee aquellas necesidades de la vida tan vitales de las que ni siquiera somos conscientes, cuánto más será Él capaz de proveernos las necesidades básicas que todos conocemos.
 





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  1 Comentarios del visitante:    Ver todos los comentarios  
  1.
  la mas grande bendicion
Fanny24/07/2013 18:57:04
     
 

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