21 Iyar 5779 / domingo, 26 de mayo de 2019 | Parashá Semanal: Bamidbar
 
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Los años dorados    

Los años dorados



Poco a poco me voy convirtiendo en una persona mayor y no es lo que esperaba. Yo tenía varios preconceptos acerca de la vejez...

 



Poco a poco me voy convirtiendo en una persona mayor y no es lo que esperaba. Yo tenía varios preconceptos acerca de la vejez, como por ejemplo, que a esta edad ya no me iba a importar morirme (me importa!), o si engordaba (me importa!). Pensé que iba a ser una persona muy madura (no siempre) y que iba a entender el mundo de las finanzas (no lo entiendo) y por supuesto que iba a mantener la calma en cualquier situación de emergencia (traten de que no pase cerca de mí).

 

También pensaba que iba a ser una persona con gran auto-disciplina y que iba a poseer total dominio de mis emociones. En breve, pensaba que (al igual que Mary Poppins), iba a ser prácticamente perfecta. La realidad es que todavía sigo luchando pero ya viví lo suficiente como para saber que Hashem va a seguir levántandome del suelo cada vez que la vida me derribe.

 

Dios hace que sigan los desafíos para aquellos de nosotros que queremos seguir creciendo (y también para los que no). Las pruebas nunca acaban y hay mucho en juego. La vida a veces se vuelve muy extraña y muy temible e incómoda, pero eso es precisamente lo que hace falta para apretar el pedal de la emuná. Permítanme compartir con ustedes algunos de los desafíos que enfrento a mi edad.

 

En estos días no me veo forzada a salir de la cama por niños dulces que necesitan que los vistan, les den de comer y los envíen a la escuela. Fueron muchos los años que tuve que levantarme a las cinco y media para asegurarme de que tomaran el autobús que llegaba a las siete y media y se negaba a esperar al que llegaba tarde. Tenía que mantener la calma y ser extremadamente eficiente, a veces antes de tomar el café…

 

El resto del día lo pasaba ocupada lavando ropa, cocinando, limpiando y atendiendo al bebé de turno.

 

Los otros niños llegaban a casa del colegio y eso significaba algo para comer, hacer los deberes, cenar, bañarlos y ponerlos a dormir. Después me quedaba dormida como un tronco, por lo general a eso de las diez. La mayoría de las madres jóvenes tienen un horario similar.

 

Una vez que mis hijos crecieron empecé a trabajar fuera de casa. Eso también exigía que me levantara temprano, para llegar a hora a la oficina. Y seguía habiendo muchísima ropa que lavar, cocinar y mandados que hacer, así como el trabajo (eh…. placer, quise decir) adicional de cuidar ocasionalmente a los nietos.

 

 

Nunca tenía que pensar qué iba a hacer ese día. Siempre era algo obvio.

 

Ahora que soy mayor, ya no tengo niños gritando pidiéndome mi atención. Mi marido, que Hashem lo bendiga, es muy independiente. Él prefiere su propia comida a la mía (yo también). Mi trabajo como escritora tiene un horario flexible y mi trabajo de asesoramiento es de noche.  Así que ahora yo soy la que decido cómo uso el tiempo. Las presiones externas cesaron en su gran mayoría.

 

Finalmente tengo el tiempo y los medios para concentrarme en mi relación con el Creador. La pregunta es – lo hago?

 

Cuando era una joven madre, solía rezar tratando de ignorar el ruido de los niños jugando a mi lado o tirándome de la pollera. Hoy puedo rezar en silencio y con tranquilidad. Tengo el privilegio de estudiar y el lujo de pensar. Puedo llenar mi tiempo y reservar tiempo para las viejas amistades. La pregunta es- lo hago?

 

Podría dejarme estar. “después de todo”, dice mi mala inclinación, “ya hiciste un gran esfuerzo criando a todos esos niños. Ahora que eres abuela, puedes olvidar la gimnasia. Duérmete una buena siesta, come más pastel. Pásate la mañana en internet, ve al shopping de compras y deja de tener tantos invitados para Shabat! – La pregunta es – lo hago?

 

Por supuesto que puedo (y debería) relajarme. Me lo merezo después de todo el trabajo que hice! Pero eso no significa que ya no tenga logros que alcanzar. Todavía quiero sentirme ocupada y productiva. Todavía me importa de mi salud y de mi aspecto y no quiero volverme una abuela gordinflona apoyada en un bastón. (Por lo menos no ahora!)

 

Lo que sí tengo que hacer y hace falta para eso mucha autodisciplina, es usar esta etapa en la vida para aumentar mi nivel de emuná. Puedo aspirar a volverme una persona fluente en la conversación con Dios. Ahora mi principal interés es utilizar de la mejor manera el tiempo que me queda. No soy vieja todavía, pero como dice el refrán, tampoco me estoy volviendo cada vez más joven. (Hasta los 120 con salud! Amén!)

 

Qué amable de Su parte que Dios me haya dado este regalo de tener todo un día para disfrutarlo de la manera que quiera con Hashem, mi mejor Amigo!

 

En estos días rezo lentamente, estudio Torá y escribo artículos de emuná (y sí, también leo acerca de Donald Trump…)

 

También elijo ser más paciente conmigo misma y con los demás. Y elijo las formas de acercarme a Él a medida que voy acercándome a mis Años Dorados. Lo principal es que utilice esta etapa de la vida y las oportunidades que me brinda sin tener miedo a envejecer. Dios nos promete: “E incluso en tu vejez, Yo sigo igual; e incluso en tu edad madura, he de perdurar. Te creí y te portaré. Soportaré y rescataré”.

 

A mí me suena bastante bien…

 

 

 





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