Final Feliz – Parashat Vezot Habrajá

En esta última parashá, aprendemos que el final de la vida de una persona da testimonio de su comienzo. ¿De qué manera? Veamos…

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Rabino Lazer Brody

Posteado en 05.04.21

“… su ojo no se había empañado y su vigor no había disminuido” (Deuteronomio 34:7).

En esta, la última porción de la Torá, se nos cuenta el final de la vida de Moisés. Aprendemos que en su cumpleaños 120º, o sea, el día en que falleció, todavía estaba sano y tenía buen aspecto. Y entonces nos preguntamos: si esta es la única alabanza que encuentra la Torá para alabar al más grande profeta de todas las épocas, al tzadik que alcanzó un nivel de santidad que nadie más alcanzó en toda la historia del mundo. ¿De qué nos sirve saber que en el día en que murió, Moisés tenía las mejillas sonrosadas y gozaba de buena visión? En realidad, la descripción aparentemente física de Moisés va mucho más profundo, tal como nos enseñan nuestros sabios. Rabenu Bejaie ben Asher nos enseña que “su ojo no se había empañado” significa que la Luz Divina emanaba de su rostro y que “su vigor no había disminuido” significa que lo había envueltola Presencia Divina.

La Torá da testimonio de que Moisés era una vasija digna de la Presencia Divina y que había vivido toda su vida en santidad. A partir de esto aprendemos que el final de la vida de una persona da testimonio de su comienzo. ¿De qué manera? Veamos…

El soldado de una unidad de combate élite tiene que pasar por un arduo y prolongado entrenamiento. Antes de empezar siquiera el entrenamiento básico, se lo pone a prueba en una cantidad de áreas, tanto físicas como mentales, a fin de determinar si tiene el potencial para tener éxito. Una vez que es aceptado en dicha unidad, comienza el entrenamiento básico. Luego viene el entrenamiento de infantería avanzado y después, los cursos especiales. A menudo se lo envía a estudiar cursos adicionales, como paracaidismo, servicio de inteligencia, comunicaciones y/o entrenamiento médico. Si obtiene más responsabilidades, se lo envía a un curso de sargentos, y posiblemente a una escuela de oficiales. Mientras va ascendiendo de rango, los desafíos se vuelven más difíciles. Pero el valor del soldado sigue teniendo un signo de pregunta hasta que demuestre su desempeño en el campo de batalla, bajo fuego. Una vez que funciona en la forma debida en época de guerra, ahí es cuando demuestra que todo su entrenamiento previo valió la pena. El fin da testimonio del comienzo.

Esta es una lección de enorme importancia para todos nosotros. Una vez que el alumno de yeshivá se casa, vemos en retrospectiva todo el valor de la Torá y la ética que estudió, y si internalizó o no todos los valores que aprendió. Cuando ese mismo joven entra al mundo de los negocios para ganarse la vida, la forma en que se maneja da testimonio de la Torá que estudió.

Nuestros Sabios nos enseñan que tenemos que recordar que un día nosotros también nos iremos de este mundo. Este es un poderoso recordatorio de que debemos continuar escalando espiritualmente, hasta el último día de vida. Porque si la persona cae, entonces, Dios no lo permita, eso demuestra que todo su pasado fue dudoso, a menos por supuesto que se enderece y retorne a Hashem con incluso más vigor y devoción que al principio.

Es posible que la gente haya tenido dudas respecto a Moisés. A diferencia de su hermano Aarón, quien fue criado en un medio judío, Moisés fue criado como el hijo adoptivo del faraón. Y sus primeros años los pasó en el palacio del Faraón, no en el Talmud Torá. Pero si a pesar de su educación secular vemos que Moisés siempre fue santo, entonces su final da testimonio de sus orígenes.

Muchos baalei teshuvá, judíos que retornaron a sus raíces, a veces se sienten ciudadanos de segunda clase. Pero al contrario! Deberían sentirse felices de sus logros, porque su fin da testomonio de su comienzo, porque una vez que encontraron la verdad, se aferraron a ella y no la dejaron ir.

La Guemará enseña que una vida de Torá siempre tiene un final feliz. Durante las celebraciones de Simjat Beit Hashoevá del Sagrado Templo en Jol HaMoed Sucot, los justos tzadikim que habían crecido en medio de la Torá cantaban: “Felices de nosotros, que nuestra ancianidad no avergüenza nuestra juventud” (Tratado Sucá 53ª). En otras palabras: así como crecimos en Torá, así también hemos continuado creciendo en Torá todas nuestras vidas. Y gracias a su amor a la Torá, los tzadikim en la época del Templo tenían el vigor para bailar toda la noche, haciendo volteretas y acrobacias incluso siendo ancianos.

Los baalei teshuvá de la época del Templo Sagrado también cantaban: “Felices de nosotros! – Feliz es nuestra ancianidad, que expía nuestra juventud”. Entonces la Guemará menciona que tanto los tzadikim como los baalei teshuvá cantaban: “Feliz de él que no peca; y si pecó, que retorne y será perdonado”.

En esta, la última parashá de la Torá, aprendemos que cada judío tiene derecho a un final feliz.

Jag sameaj – Felices fiestas!!
 

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