19 Iyar 5779 / viernes, 24 de mayo de 2019 | Parashá Semanal: Bejukotáy
 
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El milagro en el desierto    

El milagro en el desierto



Sin trabajo y buscando todavía nuevos clientes, Sucot iba a ser una fiesta no tan alegre este año...

 



Sin trabajo y buscando todavía nuevos clientes, Sucot iba a ser una fiesta no tan alegre este año. En vez de ser una semana de ininterrumpida felicidad, se transformó en un preciado lapso en el que iba a poder buscar trabajo. Pero sentí una gran frustración porque no sentí que estaba haciendo todo lo posible por mantener a mi familia.

 

Me olvidé de Quién es el que realmente se encarga de todos nosotros.

 

Planeamos un viaje especial al desierto. Tres días acampando en el Neguev. Los niños estaban muy entusiasmados, mi mujer estaba feliz y yo, luchando.

 

Ella me llamó a un costado y me dijo: “Dov, tranquilízate, olvídate de todo y concéntrate en las vacaciones. Todo se va a arreglar”.

 

Por mucho que lo intenté, lo único que logré fue estar allí “en cuerpo” pero no en alma.

 

Hasta que llegamos al oasis.

 

Dentro del desierto, el tiempo se detiene. Allí no  había red telefónica así que el único reloj era el del medio natural. Al descender la noche, nos envolvió una densa oscuridad. Sentimos un silencio ensordecedor que nos tranquilizó el espíritu. Las únicas luces que iluminaban el campamento eran visibles a apenas 90 metros de distancia.

 

Fuimos de excursión rumbo al abismo. Fue algo impresionante. Siendo el 16 de Tishrei, la luna resplandecía en toda su gloria, reflejando la luz del sol sobre la arena e iluminando todo. Hasta podíamos vernos el uno al otro. Podíamos ver el camino. Podíamos ver las claras sombras de nosotros mismos en las enormes rocas que nos rodeaban.

 

Y entonces miramos hacia arriba.

 

 

No hay en todo el mundo un planetario que sea capaz de competir con lo que vimos en el cielo aquella noche. Cada estrella de la galaxia estaba visible como la luz del día. Millones de estrellas poblando el firmamento. Me puse a pensar lo que pequeños que somos dentro de un universo tan grande.

 

Y ahí fue cuando Dios me dio un milagro.

 

Ahí fue cuando entendí.

 

¿Qué tan grande es Hashem? Él dirige el movimiento de cada estrella en el cielo. Cuando veo la estrella del Norte, la luz que veo comenzó su viaje a Israel cuando la primera Reina de Elizabath gobernaba a Inglaterra. En el cielo hay estrellas que empezaron su viaje durante el reinado del Rey David.

 

Hashem nos ama a todos. Ama a mi mujer. Ama a mis hijos. Me ama a mí. Mi enojo en la vida se basa en el hecho de que amo a mi familia más que a nada más en el mundo y cada momento en el que no estoy proveyéndoles el sustento me hace sentir peor que las llamas del guehenom.

 

Así es como se siente Dios respecto de nosotros, que somos Sus hijos.

 

¿Acaso Dios va a dejar que Sus hijos se mueran de hambre? ¿Los va a dejar sufrir?

 

Por supuesto que no.

 

Todo lo que estoy pasando proviene de nuestro Padre, que hace todo para nuestro propio bien. Y así como las estrellas del cielo son tan numerosas que no podemos contarlas, Hashem está dirigiendo los movimientos de todo en este universo hacia un bien mucho mayor de lo que cualquiera de nosotros pueda imaginar.

 

Esta es la historia de Sucot.

 

Comemos, dormimos, y nos sentamos en tiendas. Estamos a la merced de la naturaleza, esclavos de sus caprichos. Somos bebés en los brazos de nuestro Padre, dependiendo completamente de Su bondad.

 

Al sentirnos tan indefensos, sentimos Su compasión. Al sentirnos tan protegidos, entendemos Su amor.

 

Y entonces mis inseguridades materiales parecen insignificantes. Respiro profundamente y disfruto del resto del viaje.

 

 





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  1 Comentarios del visitante:    Ver todos los comentarios  
  1.
  EL MILAGRO EN EL DESIERTO
CONCEPCION CALDERON29/09/2018 4:17:51
     
 

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