20 Kislev 5781 / domingo, 06 de diciembre de 2020 | Parashá Semanal: Vaishlaj
 
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Historia de Dos Parejas    

Historia de Dos Parejas



Alicia era una belleza – se la pasaba hablando de coches, ropa y profesiones, pero en ningún momento hizo mención de algo que tuviera que ver con espiritualidad…

 



Dani empezó a acercarse al judaísmo después de haber completado el servicio militar en el Ejército de Defensa Israelí, donde actuó de comando naval. Dani era un joven sumamente apuesto, con cuerpo de atleta, rubio y de ojos verdes. En la época en que todavía no era religioso, las mujeres caían ante sus pies. Pero una vez que se sumió en el estudio del Talmud y la ética judía, sus prioridades cambiaron. El rabino de Dani le sugirió que empezara a salir en citas con vistas a casarse y le dijo que viniera a verme para que charláramos un poco del tema.

Dani era un “pez gordo” de los casamenteros y tenía un montón de proposiciones. Yo le dije que buscara una joven que tuviera buen corazón, porque esa es la clase de pareja con la que uno llega hasta la vejez. A diferencia del buen aspecto físico, el buen corazón mejora con la edad. Dani me preguntó cómo se traducía el “buen corazón” en términos prácticos: “Rabino, ¿cómo voy a saber reconocer un buen corazón?”. Yo le dije que evitara centrarse en el aspecto físico de la muchacha sino que escuchara con atención su voz, pues el Rey Salomón dice que una mujer de valor habla con compasión en la lengua. Me dio la impresión de que Dani entendió perfectamente lo que le dije, y así fue como se embarcó en su primer cita.

Alicia era una joven súper atractiva con largo pelo rubio. Al igual que Dani, ella también se había acercado al judaísmo de grande. El casamentero supuso que Dani y Alicia iban a pasar a ser la pareja de tapa del mundo religioso. Los dos juntos eran una imagen estupenda. Después de su primera cita, Dani me llamó: “Rabino, cuando la vi por primera vez, me quedé con la boca abierta. Es bellísima. Nos sentamos en el vestíbulo del hotel y pedí que nos trajeran un café. Después de las primeras formalidades, me acordé de lo que usted me dijo – cerré los ojos y escuché el corazón. Lo único que oí fueron pronombres en primera persona y un montón de prioridades materiales que le habían quedado de su anterior estilo de vida. Ella me habló del estilo de ropa que le gustaba, de los muebles que le gustaría tener y de las vacaciones que ya planeaba que tuviéramos juntos. Yo escuché todo esto. En ningún momento hizo mención de nada que tuviera siquiera una remota conexión con construir algo espiritual los dos juntos. Le voy a decir al casamentero que no me interesa volver a salir con ella. Pero tengo que admitir que ella es preciosa…”.
Le dije lo orgulloso que estaba de él.

Una semana más tarde, Dani me llamó de nuevo. Lo había llamado un casamentero diferente, que le había sugerido encontrarse con Devora. Dani aceptó. Devora también era nueva en el judaísmo. Ella estudiaba medio día y medio día ayudaba a una madre discapacitada a atender a sus hijos. Beni me dijo que Devora era exactamente lo opuesto a Alicia: era baja y gordita con pelo enrulado. “Rabino, tiene una sonrisa preciosa y una voz suave y agradable; me habló de emuná, de cómo educar a los hijos y de que está dispuesta a sacrificarse para que su marido pueda estudiar Torá. Es prácticamente perfecta; el único problema es el pelo enrulado, que no lo soporto. El casamentero me llamó para preguntarme si quiero salir otra vez con ella y le dije que tengo que pensarlo. Quise preguntarle primero a usted qué le parece…

“Dani”, le respondí. “Es obvio que Devora tiene muy buen corazón. A mí me parece que va a ser una esposa estupenda. Fijate que tiene compasión por una mujer discapacitada y atiende a sus hijos y honra la Torá. Eso quiere decir que tiene la cabeza en el lugar correcto. En cuanto al pelo enrulado, no te preocupes, porque una vez que se case se va a tapar el pelo de todos modos. Tú mismo me dijiste que tiene una sonrisa preciosa. Yo creo que cuanto más la conozcas, mejor te va a cae y más bonita te va a resultar”.

Dieciséis años más tarde, Dani es un rabino que estudia Torá todo el día. Devora tiene ocho hijos, con edades que oscilan entre quince y un año y ella todavía parece como una muchacha  de veintipico. Ella es paciente, nunca pierde la calma y está completamente consagrada a su marido y a sus hijos. Dani y Devora no tienen una fortuna, pero son tremendamente felices juntos. Su hogar irradia judaísmo y serenidad y es algo maravilloso ver cómo sus hijos mayores se encargan de los  menores.

Pero no a todas las parejas les va tan bien como a Dani y Devora.
 
Ilana viene de una familia religiosa. Sus tres hermanas mayores se casaron con estudiosos de la Torá que estudian todo el día en el kolel, pero ella siempre quiso vivir la buena vida – ella quería casarse con alguien que estuviera en holgada posición económica, que pudiera comprarle un lindo departamento y un auto último modelo. El casamentero le recomendó que saliera con Bruno, que era un joven oriundo de Alemania, que estudiaba en una yeshiva para jóvenes europeos y norteamericanos. A veces Bruno venía a mis clases de emuná. Si bien él era brillante en sus estudios talmúdicos, era bastante brusco y se burlaba de muchos de los principios más básicos de emuná. Siendo el heredero de una próspera compañía industrial con base en Frankfurt, Bruno pensaba que por ser una persona en buena posición económica, todos tenían que honrarlo y respetarlo.
 
Y como dice la Guemará, HaShem lleva a la persona por el sendero que quiere ir. Ilana quería dinero, y dinero recibió…

Tres meses después de la boda, Bruno dejó la yeshivá y arrancó a Ilana de su familia, llevándosela con él a Alemania. “Primero los negocios”, le dijo. No obstante, Ilana disfrutó enormemente de su guardarropas lleno hasta más no poder de ropa y zapatos de último modelo, así como también fines de semana en Lugano y en Lucerna. Ella y Bruno  poco a poco fueron “relajándose” en el cumplimiento de los preceptos de la Torá. Al fin y al cabo, Frankfurt no es lo que se dice “Jerusalén”…

Al cabo de un año, el hermano menor de Bruno, que era además su socio, le entabló demanda y con la ayuda de un grupo de abogados alemanes increíblemente perspicaces  echó a Bruno de la empresa familiar. Así fue como Bruno perdió todo. Hoy en día él trabaja en una lencería en París y ya no observa el Shabat. Ilana tiene dos hijos pero no tiene ni dinero ni espiritualidad. Vive como una rehén en un sucio departamento alquilado situado en un barrio en el que da miedo dar vueltas de noche. Ella sueña con sentarse a una mesa de Shabat. Y qué no daría por saber por dónde anda su marido a la noche. No le quedó prácticamente nada excepto un corazón anhelante de su familia, que está en Jerusalén, y de su antigua vida judía, que en su momento parecía algo tan obvio. Hoy Bruno se niega terminantemente a enviar a sus hijos a una escuela judía y amenaza a Ilana diciéndole que si eso no le gusta, entonces que se vuelva a su país, “¡pero los chicos se quedan aquí conmigo!”.

No piensen que estas historias son fruto de mi inventiva. En absoluto! Se trata de dos hechos verídicos de los que yo mismo soy testigo. HaShem me mostró este tremendo contraste para enseñarme que cuando la persona busca una pareja que quiere vivir según los principios de la Torá, entonces viven una vida feliz, pero que cuando la orientación de la pareja es meramente material, al final se quedan sin nada.
Por eso, antes de que salgan en su próxima cita, o antes de que busquen pareja para sus hijos, asegúrense de buscar la pareja
correcta.

¡Y que HaShem les traiga felicidad a todos! ¡Amén!
 
 





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  3 Comentarios del visitante:    Ver todos los comentarios  
  1.
  Todo para bien
Jorge24/12/2018 2:00:17
     
 
  2.
  todo es para bien
jhon27/01/2014 4:46:02
     
 
  3.
  no es facil!
Alejandra26/01/2014 12:15:14
     
 

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