21 Tamuz 5779 / miércoles, 24 de julio de 2019 | Parashá Semanal: Matot
 
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Mi marido, el desordenado    

Mi marido, el desordenado



Cuando conocí a mi marido, fue amor a primera vista. Para él, no para mí. Yo no lo podía ni ver....

 



Cuando conocí a mi marido, fue amor a primera vista. Para él, no para mí. Yo no lo podía ni ver. Eso solo ya debería haberme servido de pista para que me diera cuenta de que éramos almas gemelas. Pero yo estaba ciega, en parte porque estaba saliendo con otro hombre por ese entonces.

 

El romance empezó una vez, cuando una noche él me acompañó al auto. En realidad, todo en él me molestaba. Hasta los zapatos que llevaba puestos me molestaban. No sé por qué exactamente, porque en realidad él actuaba muy normal. Bueno, qué sé yo…

 

Pero un día estábamos un grupo de amigos recostados en la playa tomando sol cuando él se acercó y se detuvo a saludarnos. Bueno, en realidad a mí no me saludó. ¡Ni siquiera me miró! En ese momento, me dieron ganas de estrangularlo!

 

Como yo no quería terminar en la cárcel por asesinato, hice lo más cercano a eso, y me casé con él. ¡Se lo merece!

 

Apenas corté con mi novio anterior, nuestros amigos mutuos me obligaron a salir en una cita con mi marido, bombardeándome con toda clase de mentiras al estilo: “Ay.. no sabes lo simpático que es” y “Es súper buen mozo”. Pero cuando se dieron cuenta de que toda la propaganda no les iba a servir conmigo, empezaron a amenazarme. Será posible que fueran comunistas? ¿O en realidad ellos me odiaban y querían pasarla bien a mi costa? Al final, acepté salir con él cuando me enteré de que tenía un auto lindo y que amaba a su perrito.

 

Nuestra primera cita sorprendentemente salió muy bien. En honor a Pesaj, fuimos a comer sushi sin arroz en un restaurant de sushi no kasher. A la noche siguiente, fuimos a comer comida india vegetariana. Y tal como escribí en el artículo La mirada de Amor, en esa segunda cita me enamoré perdidamente de él y decidí que él iba a ser aquel al que yo iba a torturar por el resto de su vida  desposar….

 

Una semana después de iniciada nuestra relación, cuando me sentí lo suficientemente segura de mi estatus como futura esposa, me tomé la libertad de ir a su departamento y tirar a la basura todo lo que no necesitaba. Porque si hay algo que yo amo, es tirar basura, o por lo menos todas esas cosas que para mí son basura.. Y por supuesto que ni le pedí permiso.

 

Así que un día, cuando yo estaba en su departamento, él se me acercó sosteniendo un reloj en la mano. “Estoy seguro de que fue sin intención, querida, pero por error, tiraste mi reloj a la basura”, dijo él con mirada de enamorado un poco molesto. Yo lo miré a él. Miré el reloj. “No, no fue ningún error”, le respondí sin una pizca de disculpa en mi voz. “Tu reloj es sencillamente horrible”.

 

“¿Horrible? ¡Horrible! ¡Es un reloj carísimo que uso con el monitor del corazón para las clases de spinning!”.

 

“¿Para qué lo necesitas – si ni siquiera tomas clases de spinning!”. Es increíble como en apenas una semana yo pensaba que ya sabía todo de su vida. “Mira, dulce, tampoco me vas a decir que eres lo que se dice ‘esbelto’. Creeme que reloj más, reloj menos, es lo mismo”. No recuerdo qué pasó después, pero no dudaría en suponer que nos peleamos. Nuestra primera pelea. ¡Qué romántico!

 

Bueno, resulta que al final yo tenía razón. Ay, cómo me gustan esas palabras! Me gustan tanto que las voy a tipear otra vez más: tenía razón. TENÍA RAZÓN. RAZÓN. Podría pasarme todo el día escribiendo lo mismo. No había asistido a una clase de spinning en diez años. Entonces ¿para qué le hacía falta ese santo reloj? ¿Y para qué le hacían falta los dos trajes de mozo de restaurante chino que encontré en su armario? ¿Qué diablos eran? ¿Acaso él era el séptimo miembro fantasma de The Village People?

 

En total, tuve que tirar a la basura casi 30 años de basura acumulada. Bueno, es verdad que mi futuro maridito pensaba que la mayor parte de las cosas no eran basura, pero yo no le hice caso. Estaba hasta las orejas de basura y no podía oír sus objeciones. Ah… qué bien me sentí después… ahora había quedado bastante espacio para mi basura. Y para mis 38 pares de zapatos. No entiendo cómo no me echó. Tal vez porque yo era… bueno…. era muy bonita!

 

 

Quince años más tarde, todavía seguimos teniendo la misma discusión, si bien, gracias a Dios, no con la misma frecuencia. Como ahora oficialmente administro la casa, todo el tiempo reviso los armarios y me aseguro de que no se acumule la basura. Pero cada tanto encuentro una colección de recibos arrugados, o monedas y otras cositas que empiezan a taparme mi lado del armario. ¿Qué quieren que les diga? Estoy casada con un desordenado.

 

En realidad, él no es “desordenado”, sino que no le gusta tirar cosas. Gracias a Dios, yo estoy aquí para ayudarlo con eso. Y como dice Sara Yosef en su libro It’s all in your Mind, “el desorden tapa los canales de la abundancia espiritual”.

 

Cuando la gente no logra sacarse de encima todo eso que ya no usa, y que no va a necesitar en el futuro cercano, es porque les falta emuná. No creen que Hashem les va a proveer todo lo que necesiten, cuando lo necesiten. Y por eso se aferran a los objetos, “por si acaso”.

 

Sacarte de encima todo lo que no necesitas no sólo que te hace sentir mucho mejor y mucho más liviano sino que hace espacio para todos los regalos que Hashem está esperando a darte. Así que, sí, lean el libro y empiecen a despejar la casa para que entren más bendiciones en sus vidas. Pero ojo, cuídense de no enviar la basura en dirección a mi casa….

 

Pueden enviar sus preguntas, y en especial sobre temas como el matrimonio, la educación de los hijos, el noviazgo y el rol de la mujer. Escriban a racheli@breslev.co.il

 

 

 

 

 

 

 

 





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  3 Comentarios del visitante:    Ver todos los comentarios  
  1.
  DESCUBRIR EL BIEN-GRATITUD.
Anonimo,31/03/2019 16:49:00
     
 
  2.
  Estoy embarazada
Paula31/03/2019 7:38:33
     
 
  3.
  Parece que habla de mi
Sergio Alvarez-Mori26/12/2016 2:38:14
     
 

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